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Monseñor Oscar Sarlinga

Ascensión del Señor: Jornada de las Comunicaciones Sociales, Transmisión del contenido de la fe a los niños de catequesis, Coronación de la imagen de la Mater ter admirabilis en Belén de Escobar

Ascensión del Señor. Como uno de los ecos de la Jornada de las Comunicaciones Sociales en la diócesis, nuestro Obispo nos ha invitado a reflexionar en los ámbitos de catequesis, y en especial con niños de catequesis de iniciación y con jóvenes, sobre el tema central del mensaje del Santo Padre “Silencio y palabra: camino a la evangelización”. El sábado 19, luego de recibir al equipo de jóvenes del movimiento “Santa María de la Estrella” en Campana, donde solicita transmitan dicho lema elegido por Benedicto XVI a través de las redes sociales, nuestro Obispo celebra la misa a las 12 en el Santuario de la Mater ter admirabilis, del Movimiento Apostólico de Schoenstatt, en Belén de Escobar, oportunidad en que se realiza la coronación de la sagrada imagen. El mismo sábado por la tarde, ya en la solemnidad de la Ascensión, el Obispo Mons. Oscar confirma a jóvenes alumnos del colegio “Los Robles” (de la jurisdicción parroquial de Nuestra Señora de la Paz y San Francisco de Asís”) en el Campus de la Universidad del Salvador. El día domingo, 20 de mayo, Mons. Oscar celebra confirmaciones en la parroquia de Nuestra Señora de las Gracias, del barrio “Peruzzotti” de Pilar.

20 de mayo: Celebración de la 46° Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales

La Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales se celebra universalmente todos los años el domingo de la Solemnidad de la Ascensión del Señor.

El Decreto “Inter Mirifica” del Concilio Ecuménico Vaticano II, promulgado el 4 de diciembre de 1963 por el Santo Padre Pablo VI, estableció, en el n. 18: “Para mayor fortalecimiento del apostolado multiforme de la Iglesia sobre los medios de comunicación social, debe celebrarse cada año en todas las diócesis del orbe, a juicio de los obispos, una jornada en la que se ilustre a los fieles sobre sus deberes en esta materia, se les invite a orar por esta causa y a aportar una limosna para este fin, que será empleada íntegramente para sostener y fomentar, según las necesidades del orbe católico, las instituciones e iniciativas promovidas por la Iglesia en este campo”.
La Primera Jornada Mundial se celebró el domingo 7 de mayo de 1967. En esa oportunidad el Papa Pablo VI señalaba, en su primer mensaje: “Con esta iniciativa, propuesta por el Concilio Ecuménico Vaticano II, la Iglesia, que “se siente íntimamente solidaria con el género humano y con su historia” (Constitución Pastoral sobre La Iglesia en el Mundo contemporáneo, proemio), desea llamar la atención de sus hijos y de todos los hombres de buena voluntad sobre el vasto y complejo fenómeno de los modernos instrumentos de comunicación social, tales como la prensa, el cine, la radio y la televisión, que constituyen una de las notas más características de la civilización de hoy”.En 1992, durante la XXVI Jornada, el Papa Juan Pablo II recordó esta motivación que dio origen a su realización:

¿Qué se celebra en esta Jornada?

Es un medio de agradecer un regalo específico de Dios, un regalo que tiene un gran significado en el período de la historia humana en el que estamos viviendo: el regalo de todos los recursos técnicos que facilitan, intensifican y enriquecen la comunicación entre los hombres”.
“En esta Jornada celebramos los dones divinos de la palabra, el oído y la vista que nos permiten salir de nuestro aislamiento y de nuestra soledad para intercambiar, con los que están a nuestro alrededor, las opiniones y sentimientos que albergan nuestros corazones. Celebramos los dones de la escritura y la lectura, por medio de los cuales nos enriquecemos con la sabiduría de nuestros antepasados y transmitimos nuestra propia experiencia y nuestras reflexiones a las generaciones venideras. A estos dones tan valiosos se añaden otras «maravillas» aún más admirables: «los maravillosos inventos de la técnica que… ha extraído el ingenio humano, con la ayuda de Dios, de las cosas creadas» (Inter Mirifica, 1), inventos que en nuestro tiempo han aumentado y extendido inmensamente el alcance de nuestras comunicaciones y ha ampliado tanto el volumen de nuestra voz que ésta puede llegar simultáneamente a los oídos de incalculables multitudes”.

Reflexionemos sobre el equilibrio entre “Silencio y Palabra” como momentos de la comunicación

En el marco de la celebración de la Jornada Mundial de las Comunicaciones, ofrecemos un foro como instancia de discernimiento sobre la invitación que nos hace el Papa a meditar respecto de la forma de mantener un auténtico diálogo, por medio de la combinación adecuada entre silencio y palabra.
Sería más que importante que en los ámbitos de la catequesis, así como en la pastoral juvenil, se contemplen foros que inviten a reflexionar sobre el tema central del mensaje del Santo Padre “Silencio y palabra: camino a la evangelización”. El objetivo es generar y enriquecer el debate sobre el papel de las comunicaciones para conseguir acercarse más profundamente a las personas.
Recogiendo la invitación que nos hace Benedicto XVI, puede haber cuatro temáticas:
- Palabra y silencio en la comunicación: ¿Ayudamos en nuestra sociedad, y también en la propia Iglesia, a vivir una cultura del diálogo auténtico desde una escucha genuina donde el silencio tiene un lugar fundamental?- Discernir lo importante en la supercarretera de la información: ¿De que manera(s) podemos aprovechar redes sociales y otras posibilidades tecnológicas para estimular este discernimiento?- Las preguntas fundamentales y la sed de sentido: ¿Ofrecemos espacio, tiempo, posibilidades, en nuestra comunicación cotidiana y en nuestra presencia en redes sociales, para que se formulen estas preguntas últimas y se dialogue sobre ellas?- Valores que animan nuestra esperanza: ¿Nuestra comunicación descansa en el respeto de la dignidad de las personas, en la construcción de la justicia y la paz? ¿Nuestra comunicación desborda alegría y esperanza?

Camino a Pentecostés

En próximo domingo 27 de mayo la Iglesia Universal celebra la hermosa Fiesta de Pentecostés, transformándose este domingo en uno de los más importantes del año, después de Pascua de Resurrección.
Pentecostés recuerda y actualiza la venida del Espíritu Santo sobre los Apóstoles y discípulos, que se habían reunido con María la Madre de Jesús desde el día de la Ascensión (cf. Hch 1,12-14). En ese día “todos fueron llenos del Espíritu Santo y se pusieron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les concedía expresarse… y cada uno los oía hablar en su propia lengua” (Hch 2,4-6).
La misión de la Iglesia es posible gracias a Pentecostés. En efecto, “para el empeño de esta misión, Cristo Señor prometió a sus Apóstoles el Espíritu Santo, a quien envió de hecho el día de Pentecostés desde el cielo para que, confortados por su virtud, fuesen sus testigos hasta los confines de la tierra ante las gentes, pueblos y reyes” (LG 24).
El momento de Pentecostés es el punto de partida para la misión de la Iglesia, porque es desde este momento que los Apóstoles y toda la comunidad eclesial comienzan a dar testimonio de Cristo, apoyados en la fuerza que reciben del Espíritu Santo. Es él quien continuará suscitando misioneros, esos misioneros que necesitamos hoy más que nunca en nuestra Iglesia, en nuestra sociedad, en nuestro mundo, para llegar al corazón de hombres, mujeres, jóvenes y niños para sembrar nuevamente la semilla del Evangelio, para que juntos construyamos una civilización más humana, más fraterna, más solidaria con la inmensa mayoría de hermanos nuestros que hoy carecen de amor y pan.

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