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Monseñor Oscar Sarlinga

CELEBRACIÓN DE LA MISERICORDIA DIVINA Y HOMENAJE AL BEATO JUAN PABLO II

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DIÓCESIS DE ZÁRATE-CAMPANA
CELEBRACIÓN DE LA MISERICORDIA DIVINA Y HOMENAJE AL BEATO JUAN PABLO II EN GARÍN (ESCOBAR), el 1ro. de mayo
 PROCESION
A LA ESPERA DE LA PROCESION DE JESUS MISERICORDIOSO
Dentro de las distintas celebraciones de la Divina Misericordia en la diócesis de Zárate-Campana, el obispo Mons. Oscar Sarlinga estuvo presente el 30 por la tarde, Vísperas de la Divina Misericordia, en la parroquia de San Antonio de Padua, de Ing. Maschwitz, para la despedida del Padre Rafael Carli, CM, quien toma su misión de responsable de la casa religiosa en Escobar (y al que se le concedió la medalla “Pro Ecclesia et Pontifice”) y el 1ro. de mayo por la mañana, de nuevo en Ing. Maschwitz para la toma de posesión del nuevo párroco.
Por la tarde del mismo día 1ro. el obispo concurrió a Garín, para la procesión y sucesiva misa de la Divina Misericordia, en la parroquia de “Jesús Misericordioso”, confiada a los Discípulos de Jesús y de San Juan Bautista. La celebración fue transmitida en directo por el canal televisivo del partido de Escobar y retransmitido en Pilar.
Desafiando las condiciones climáticas, tanto de lluvias intermitentes, como vientos y frío, una nutrida procesión recorrió el vasto barrio de la ciudad de Garín, en la zona lindante con Pacheco, con muy numerosos fieles del lugar, a los que se agregaron algunos de “Maquinista Savio” (sector Pilar) y otros de Zárate y de Campana. Los Padres Juan de Dios, dj y Salatiel, dj, junto con los hermanos, animaron la procesión, en la que se condujeron tanto la imagen de Jesús Misericordioso como la del nuevo beato Juan Pablo II. Junto a los sacerdotes mencionados, concelebraron con el Obispo el vicario general, Mons. Edgardo Galuppo, y el delegado para las misiones, Mons. Marcelo Monteagudo. El municipio de Escobar se hizo presente a través de dos delegados barriales y una concejal representando al Intendente. La imagen del beato Juan Pablo II quedó en el templo para la veneración de los fieles.
Mons. Sarlinga dijo en su homilía que el beato Juan Pablo II nos enseñó la misión de evangelizar, con nuevo ardor, y que el espíritu del Concilio Vaticano II se encuentra como resumido en la constitución Lumen gentium, pues deseó “iluminar a todos los hombres, anunciando el Evangelio a toda creatura, con la claridad o luz de Cristo que resplandece sobre la faz de la Iglesia”. Citó luego la exhortación Evangelii nuntiandi, recordando que “no hay evangelización verdadera mientras no se anuncie el nombre, la doctrina, la vida, las promesas, el reino, el misterio de Jesús de Nazaret, Hijo de Dios”. A continuación mencionó el empeño de Juan Pablo II y de Benedicto XVI por la nueva evangelización y lo relacionó con los desafíos para este Tercer milenio, señalando que Juan Pablo II había previsto para la preparación al Año Jubilar el suscitar “una particular sensibilidad a todo lo que el Espíritu dice a la Iglesia y a las Iglesias (Cf Ap 2,7ss), puesto que, dijo Mons. Sarlinga, es muy importante para quienes hemos asumido la Misión continental, después del acontecimiento de Aparecida, que recordemos que somos instrumentos, cada uno según su vocación y elección, de la evangelización, y que el gran Protagonista de ésta es el Espíritu Santo, que hemos de ser dóciles a él, escucharlo, escucharnos,  sobrellevarnos, amarnos, y derribar todo muro de enemistad. A continuación recordó algunos puntos de la consagración de la Argentina a la Virgen de Luján, que el papa Juan Pablo II realizara en 1987, con oportunidad de la segunda visita a nuestro país, y luego cuando él mismo confiara el mundo y el nuevo milenio a la Virgen Madre para que  “asista a sus hijos en las pruebas cotidianas y que, gracias al empeño de todos, las tinieblas no prevalezcan sobre la luz”.
Agradeció al Papa Benedicto XVI por la gracia de la beatificación y pidió a todos los fieles que hicieran lo mismo en su corazón. Al término de la misa, y de saludar a los numerosos fieles presentes, el Obispo y los sacerdotes fueron a visitar los renovados salones parroquiales y compartieron un ágape con los hermanos, laicos invitados y periodistas del lugar.
MONS. SARLINGA PREDICANDO EN JESUS MISERICORDIOSO
CELEBRACION EUCARISTICA EN JESUS MISERICORDIOSO
SALIDA DE CELEBRACION EUCARISTICA EN JESUS MISERICORDIOSO
 EL BEATO JUAN PABLO II NOS SEÑALÓ “LO QUE EL ESPÍRITU DICE A LA IGLESIA”
(Cf Ap 2,7ss y Carta apost. Tertio Millenio adveniente, 23)
Queridos sacerdotes, queridos hermanos y hermanas:
Celebramos hoy la festividad de la Divina Misericordia, guiados por el Espíritu, quien sigue recordándonos en nuestro interior todo lo que Jesús dijo e hizo. Durante el ángelus del 17 de enero el Papa anunció la beatificación de Juan Pablo II que tuvo lugar hoy mismo, 1ro. de mayo. “El próximo 1 de mayo –dijo el Papa Benedicto XVI- tendré la alegría de proclamar beato a mi predecesor, el Venerable Juan Pablo II. La fecha elegida será el segundo domingo de Pascua, que él mismo llamó “de la Divina Misericordia”, y en la que terminó su vida terrena”[1].  Dicho término de la vida terrena de Juan Pablo II fue un digno colofón de quien nos enseñó que el fundamento de la dignidad humana es la imagen de Dios y que el misterio del hombre encuentra en la redención obrada por Cristo Misericordioso su plena inteligibilidad, tanto es así que -dijo una vez- “el estupor respecto a la dignidad del hombre se llama Evangelio”[2].
En nombre de Jesucristo, Evangelio del Padre, estamos hoy reunidos aquí, en esta gran parroquia de “Jesús Misericordioso”, en medio de este también gran barrio de Garín, para celebrar unidos en el amor del Señor. Más allá del lugar geográfico donde estemos, lo importante es estar unidos en Cristo; nos encontramos junto a María, como el Apóstol Juan, quien la tuvo en su casa (Cf Jn 19,27) y queremos recibir al Espíritu de verdad, acogerlo, en nosotros y con nosotros, como lo hizo la primera comunidad de Jerusalén, reunida el día de Pentecostés (Cf Hech 1,14).
Estamos aquí para que el Espíritu afiance en nosotros un corazón evangelizador, eclesial, un corazón lleno de caridad, también en su dimensión social, en la solidaridad. El Concilio Vaticano II permitió comprender aún mejor esta dimensión esencial, misionera, de la Iglesia, al punto que podríamos decir que el espíritu del Concilio se encuentra, en cierto sentido, como resumido en la constitución dogmática Lumen gentium, que dice: "Cristo es la luz de los pueblos. Por ello este sacrosanto Sínodo, reunido en el Espíritu Santo, desea ardientemente iluminar a todos los hombres, anunciando el Evangelio a toda criatura (cf. Mc 16,15) con la claridad de Cristo, que resplandece sobre la faz de la Iglesia"[3].
Quiera Dios darnos un mayor entendimiento, una mayor sabiduría, respecto de nuestra misión; quiera darnos valentía apostólica, “parresía” a la vez con mansedumbre y paz. Tanta gente aquí reunida para orar, para celebrar, me hace pensar en la imperiosa necesidad del amoroso anuncio en el mundo moderno, en todos nuestros ambientes, en especial en aquellos que más lo necesitan, los más carecientes, el mundo del trabajo y de la cultura, el mundo de la educación, y tantos otros, que, cuales “nuevos areópagos” nos esperan. Hemos reflexionado muchas veces acerca de la exhortación apostólica Evangelli nuntiandi, del Papa Pablo VI, en la que reafirmó que "(…) evangelizar constituye, en efecto, la dicha y vocación propia de la Iglesia, su identidad más profunda. Ella existe para evangelizar"[4] y que "(…) no hay evangelización verdadera, mientras no se anuncie el nombre, la doctrina, la vida, las promesas, el reino, el misterio de Jesús de Nazaret, Hijo de Dios"[5]. Hoy, en la Fiesta de la Misericordia divina, los invito a comprometernos en un renovado ardor evangelizador, cada uno según la vocación específica que el Señor le haya dado, dentro de la gran vocación cristiana.
El bienaventurado Papa Juan Pablo II continuó esta proclamación evangélica de la Evangelii nuntiandi. Desde los inicios de su pontificado él vino llamando repetidamente a la Iglesia a una nueva evangelización. Ésta "no consiste –dijo- en un "nuevo evangelio""[6]  ya que el mensaje tiene que ser siempre el Evangelio manifestado en Jesucristo. De otra manera, como lo hizo notar el mismo Pontífice, "no sería "evangelio", sino mera invención humana, y no habría en él salvación"[7].  Y dejó señalado en su carta apostólica Tertio millennio adveniente, que la nueva evangelización tenía una fuerte relación con la preparación de la Iglesia para celebrar el Año Jubilar por el que entramos en el Tercer Milenio, cual un "prolongado adviento" de preparación que pretendía "suscitar –dijo- una particular sensibilidad a todo lo que el Espíritu dice a la Iglesia y a las Iglesias (cf. Ap 2,7ss)"[8] y esto porque es el Espíritu Santo  "también para nuestra época el agente principal de la nueva evangelización" que "construye el Reino de Dios en el curso de la historia y prepara su plena manifestación en Jesucristo”[9]. ¡Que importante es para nosotros, que hemos asumido la Misión continental, después del acontecimiento de Aparecida, que recordemos siempre eso, que somos instrumentos, cada uno según su vocación y elección, que el gran Protagonista de la evangelización es el Espíritu Santo, que hemos de ser dóciles a él, escucharlo, escucharnos,  sobrellevarnos, amarnos, y derribar todo muro de enemistad.
Sólo así tendremos renovadas fuerzas. En su encíclica sobre la validez permanente del mandato misionero de la Iglesia, Redemptoris missio, el Santo Padre Juan Pablo II declaraba: "Preveo que ha llegado el momento de dedicar todas las fuerzas eclesiales a la nueva evangelización y a la misión ad gentes”[10].  El Papa Benedicto XVI se ha referido también numerosas veces a la nueva evangelización. Digamos también que dicha “nueva evangelización” se refiere también, e incluso especialmente, a los cristianos alejados, a aquellos que han dejado la Iglesia, perdido la fe o el sentido de pertenencia eclesial, la esperanza… o perdido la ardiente caridad, a aquellos que han sido afectados por la indiferencia o el sinsentido de la vida. ¿Nos preocupa?.  ¿Lo vemos como un cordial desafío, conforme a lo que el Señor espera de nosotros?.  ¿Estamos dispuestos a dedicar fuerzas a esa causa?. Forma parte de la dimensión misionera de toda la vida cristiana.
Cuando estuvo por segunda vez en nuestro país, el beato Papa Juan Pablo II confió a la Santísima Virgen María “a todos los que sufren, los pobres, los enfermos, los marginados, también aquellos a los que la violencia separó para siempre de nosotros, pero que están presentes ante el Señor de la historia”, y que también “son hijos –dijo- de la Virgen de Luján, madre de la Vida”. Pidió que la Argentina “sea fiel al Evangelio y abra de par en par su corazón a Cristo, el Redentor del hombre, la esperanza de la humanidad”[11].  Queremos hoy también, en esta celebración, abrir de par en par nuestras vidas a la Misericordia de Jesús.
En el año 2000, Juan Pablo II confió a la Virgen, Aurora de la esperanza, el Tercer Milenio, pidiéndole que nos acompañe en nuestro camino, en una época la que llamó “extraordinaria” exaltante y rica en contradicciones[12] , y le confió el milenio para que la Madre cual  “asista a sus hijos en las pruebas cotidianas y que, gracias al empeño de todos, las tinieblas no prevalezcan sobre la luz”. Tengamos siempre esperanza, y pongámosla en obra. El Señor Misericordioso bendiga abundantemente a ustedes, sus familias, sus buenas intenciones y proyectos.
Y, como Obispo y hermano de ustedes, los invito a dar gracias de corazón al Santo Padre Benedicto XVI por la beatificación de su ilustre predecesor, al que pedimos hoy su intercesión sobre nosotros, nuestras familias, nuestra diócesis y sobre la Iglesia entera. Con la protección de la Virgen Madre, Nuestra Señora de Luján.

+Oscar Sarlinga

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[1] Benedicto XVI, Ángelus del 17 de enero de 2011, Ciudad del Vaticano.
[2] Juan Pablo II, Audiencia general, Ciudad del Vaticano, miércoles 25 de enero de 1984 (“En la Carta Encíclica Redemptor hominis he escrito que: "...ese profundo estupor respecto al valor y a la dignidad del hombre se llama Evangelio, es decir, Buena Nueva. Se llama cristianismo”).
[3] Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm. Lumen gentium, 1
[4] Pablo VI, Exh. Apost. Evangelii nuntiandi, 14.
[5] Ibid. N.  22
[6] Juan Pablo II, Discurso inaugural, Conferencia de Santo Domingo, 12/10/1992, 6.
[7] Ibid.
[8] Juan Pablo II, Carta Apost. Tertio millennio adveniente, 23
[9] Ibid. 45.
[10] Juan Pablo II, Enc. Redemptoris missio, 3
[11] Juan Pablo II, Viaje apostólico a Uruguay, Chile y Argentina, Acto de consagración de la Argentina a la Virgen de Luján, Oración de Juan Pablo II, «Avenida 9 de Julio» - Buenos Aires (Argentina) Domingo, 12 abril 1987, n. 3.
[12]  Juan Pablo II, Atto di affidamento a Maria del III Millenio, Giubileo dei Vescovi, Città del Vaticano, 8 Ottobre 2000, nn 3; 5 (“que las tinieblas no prevalezcan sobre la luz”).

MENSAJE PASCUAL 2011 DE MONS. OSCAR SARLINGA

Pascua 2011 en el Hogar de la Paz y la Alegría de las Hnas. de la Madre Teresa de Calcuta
  
Transmitido en el Hogar de la Paz y la Alegría, de las Misioneras de la Caridad (de las Hermanas de la Madre Teresa de Calcuta) en Zárate, el Domingo de Pascua 2011.

Queridos hermanos y hermanas, en especial queridas hermanas Misioneras de la Caridad:

Luego de haber bendecido en las celebraciones de ayer, en la Vigilia, el “Fuego nuevo”, el agua lustral, y de haber esperado gozosamente este día glorioso del Domingo de Resurrección con nuestros ojos puestos en el Rostro de Cristo, les expreso de corazón a todos ustedes el augurio pascual, con palabras de San Agustín: “Resurrectio Domini, spes nostra – la resurrección del Señor es nuestra esperanza”(1), y lo es porque el mismo Señor constituye nuestro “centro”, nuestra “finalidad”, nuestra alegría y plenitud:“(…) el Verbo de Dios, por medio del cual todo ha sido creado, se hizo Él mismo carne, hombre perfecto, para obrar la salvación de todos (…). El Señor es la finalidad de la historia humana, «el punto central de los deseos de la historia y de la civilización», el centro del género humano, la alegría de cada corazón, la plenitud de sus aspiraciones”(2).

Por difíciles que sean las situaciones que en nuestra vida la Providencia quiera o permita que vivamos, ¡nunca desesperemos!, Jesucristo ha resucitado, en la historia de los hombres, pero trascendiendo infinitamente la historia, para darnos luminosa esperanza, la que no defrauda(3), pues, como nos lo ha dicho hoy el Santo Padre Benedicto XVI en su Mensaje Urbi et Orbi, la resurrección de Cristo “(…) es un acontecimiento que sobrepasa ciertamente la historia, pero que sucede en un momento preciso de la historia dejando en ella una huella indeleble. La luz que deslumbró a los guardias encargados de vigilar el sepulcro de Jesús ha atravesado el tiempo y el espacio(4).

La luz que deslumbró a los guardias atravesó el tiempo y el espacio. Muchos nos han precedido en este gozoso anuncio, que fue dado por primera vez a las mujeres que buscaban al Crucificado, a las que el Ángel indicó que Él, Resucitado de entre los muertos, “se adelantaría, los precedería en Galilea”(Cf Mt 28,5), porque Jesús siempre nos precede, y nos transmite lo que escuchó del Padre y nos ha dado a conocer a través de la Iglesia, de su enseñanza, de su amor, en plena fidelidad y con la permanente “novedad” del cristianismo, de modo que, como afirmara Juan Pablo II: “(…) en la historia de la Iglesia, « lo viejo » y «lo nuevo» están siempre profundamente relacionados entre sí. Lo « nuevo » brota de lo « viejo » y lo « viejo » encuentra en lo «nuevo» una expresión más plena”.  Lo que tenía en vista el Papa era “(…) la preparación de la nueva primavera de vida Cristiana” que debería manifestar el Gran Jubileo, “ (…) si los cristianos son dóciles a la acción del Espíritu Santo”(5).

Pongamos atención a esto, “la docilidad a la acción del Espíritu Santo” es condición fundamental; razón por la cual, para obtener docilidad hemos de mirar a Cristo resucitado, a su Rostro, y no a cualquier otro rostro, pues, como también lo anunciara el mismo Juan Pablo II en Tertio Millenio adveniente, “(…) la Iglesia mira ahora a Cristo resucitado (…) En el rostro de Cristo ella, su Esposa, contempla su tesoro y su alegría. La Iglesia, animada por esta experiencia, retoma hoy su camino para anunciar a Cristo al mundo, al inicio del tercer milenio: Él « es el mismo ayer, hoy y siempre » (Hb 13,8)(6).

Queridos hermanos, mantengamos viviente el don de la fe, la cual es, por un lado un don, un regalo divino, y por otro lado constituye, de nuestra parte, una respuesta, pues “(…) a Dios que nos da la revelación, le debemos la obediencia de la fe, la plena adhesión de la inteligencia y de la voluntad…” nos dice el Concilio Vaticano II(7). A la vez, transmitir la fe en el Resucitado es tarea, misión, de la Iglesia, en una “nueva evangelización”, con el realismo de la esperanza, con la conciencia de la existencia de mucho sufrimiento en el mundo, de la realidad de la miseria de muchos hermanos, de la persecución por causa la fe en Cristo en tantos países, y de tantas cosas más. Esto dicho, también con Juan Pablo II, quien confiaba en que al acercarse el tercer milenio, Dios estaba –misteriosamente- preparando una gran primavera cristiana(8), queremos hoy reafirmar nuestra esperanza en que nuestro Buen Pastor Resucitado nos guiará siempre, en todas las circunstancias históricas, teniéndonos fuerte de la mano, si somos dóciles al Espíritu. La próxima beatificación de S.S. Juan Pablo II, el Domingo de la Divina Misericordia (ocasión en que adheriremos en nuestra diócesis con distintos actos y celebraciones) sera ya, también en el Misterio de Dios, un signo de primavera, entre tantos otros que vivimos y que quizá no siempre discernimos vívidamente.

El Bautismo hace de todos nosotros un pueblo Santo, nos hace hijos de Dios y miembros de la Iglesia, la cual nos llama en este tiempo a la nueva evangelización y a la construcción de un «nuevo humanismo cristiano, integral y solidario», un humanismo a la altura del designio de amor de Dios sobre la historia, trascendente y no “naturalista” o meramente intrahistórico, humanismo que no es otra cosa que la realización de «la civilización del amor» a la que nos han llamado Pablo VI, Juan Pablo II y Benedicto XVI. Ojalá que en esta Pascua, y en la cercanía del acontecimiento que será el primer Congreso Nacional de Doctrina social de la Iglesia, lo asumamos, porque  “(…) la Iglesia (…) tiene la intención de proponer a todos los hombres «un humanismo a la altura del designio de amor de Dios sobre la historia, un humanismo integral y solidario». Tal humanismo puede ser realizado si cada uno de los hombres y mujeres (…) sean en verdad seres humanos nuevos y artífices de una nueva humanidad, con la necesaria ayuda de la gracia divina”(9). La primacía de la Gracia será nuestra luz. La Santísima Virgen María nos guíe y acompañe en esta misión.

+Oscar Sarlinga


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(1) San Agustín, Sermo 261, 1.
(2) Conc. Ecum. Vat. II, Const. past. Gaudium et spes, 45.
(3) Cf San Agustín, Sermo 261, 1.
(4) Benedicto XVI, Mensaje Urbi et Orbi de Su Santidad en la Pascua 2011.
(5) Juan Pablo II, Carta apostólica Tertio Millenio adveniente, al Episcopado, al Clero y a los Fieles como preparación del Jubileo del Año 2000, III: La preparación del Gran Jubileo, Ciudad del Vaticano, 10 de noviembre del año 1994.
(6) Juan Pablo II, Carta apostólica Novo Millenio ineunte, al concluir el Gran Jubileo del Año 2000, “Rostro del Resucitado”, n. 28.
(7) Cf Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm. Dei Verbum, 5.
(8) Cf Juan Pablo II, Enc. Redemptoris missio, n. 86.
(9) Pontificio Consejo “Iustitia et Pax”, Compendio de la Doctrina social de la Iglesia, Introducción, 19, p. 9.
 
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LA PARROQUIA DE "NUESTRA SEÑORA DEL PILAR" (PILAR, DIÓCESIS DE ZÁRATE-CAMPANA) FUE SEDE DEL INICIO DE LAS CELEBRACIONES DE SEMANA SANTA 2011

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El Domingo de Ramos, la comunidad de la Parroquia de Nuestra Señora del Pilar, en la ciudad de Pilar, recibió con alegría la visita pastoral de nuestro Obispo Mons. Oscar Sarlinga, quien llegó a nuestra ciudad para presidir la ceremonia central del día con el que comenzamos a vivir la Semana Santa de 2011.
La concurrencia de fieles laicos a la celebración fue verdaderamente multitudinaria, al punto que se ubicaron en toda la cuadra al frente de la parroquia, y su presencia llegaba hasta casi la mitad de la plaza central.

REFLEXIONES SOBRE LA LIBERTAD Y LA DIGNIDAD HUMANA ANTE LA CERCANÍA DE LA SEMANA SANTA

Jesucristo ofrecido por la salvación del ser humano y por su dignidad

Pienso que es razonable afirmar que la cuestión fundamental ahora, como siempre, pero más que nunca ante el “cambio epocal que estamos viviendo, es el reconocimiento y respeto irrestricto a la dignidad de la persona humana, cuestión que, por lo dicho, no es ajena al reconocimiento del misterio de Dios presente en el mundo y al respeto del mandamiento nuevo del amor. Es decir, lo que está en juego siempre en una época de grandes y vertiginosas transformaciones es lo esencial, no lo accidental. Y como lo demuestra toda la historia de la cultura, cuando el pensamiento vuelve a la pregunta por el origen, a la pregunta por el fundamento, sus frutos son de una actualidad y potencia que se proyectan por siglos. Esto es lo que ha hecho la siempre vigente constitución pastoral Gaudium et spes con su centramiento en la antropología teológica, cuyos presupuestos están en la base también de todas las consideraciones más específicas de su segunda parte, acerca de la familia, de la cultura, del orden económico y político, y de las relaciones internacionales.
Conviene, pues, detenerse un poco en los lineamientos ánthropo-theológicos (escribámoslo así, para mejor dar a manifestar el origen de las palabras) de la Constitución conciliar.
Ella arranca de las tradicionales preguntas antropológicas (o ánthropo-lógicas) presentes de mil formas diversas en todas las culturas: «¿Qué es el hombre? ¿Cuál el sentido del dolor, del mal, de la muerte, que, a pesar de tan grandes progresos, subsisten todavía? ¿Para qué aquellas victorias, obtenidas a tan caro precio? ¿Qué puede el hombre dar a la sociedad? ¿Qué puede esperar de ella? ¿Qué vendrá detrás de esta vida terrestre?»[1]. 
Por ello se esfuerza en descubrir lo que ocurre al interior del corazón humano, sus anhelos y debilidades. Así, tras enunciar algunos de los bienes sociales que busca el hombre actual, señala la necesidad de una vida plena y libre: “(…) tras todas estas exigencias se oculta una aspiración más profunda y universal: el individuo y el grupo tienen hambre de una vida plena y libre, digna del hombre, dispuestos a someter a su propio servicio todo lo que el mundo de hoy les puede ofrecer en tan gran abundancia”[2].
¿Pero cómo se puede afirmar que el anhelo más profundo del corazón humano es poder desarrollar en plenitud una vida digna del hombre, si se tiene en cuenta la experiencia trágica del siglo XX con sus totalitarismos de aparente diverso signo –pero siempre de igual signo fratricida, siglo de guerras, de la abominable Shoah, de la demencia asesina nazi, del exterminio de millones y millones de campesinos y disidentes en ámbito soviético, de los mártires cristianos –católicos, protestantes, anglicanos, ortodoxos- a punto que la Iglesia reactualizó las glorias de un nutrido martirologio…. No se puede olvidar que la afirmación acerca de la dignidad humana fue puesta en duda en su mismo fundamento por los experimentos de totalitarismo que han desgarrado nuestra historia contemporánea. La conciencia moral humana experimentó un inmenso estremecimiento después de Auschwitz –y otros horrendos campos de la muerte de ese género- y de Hiroshima, y también de las deletéreas consecuencias de la extensión por la fuerza del materialismo histórico, y desde entonces, nunca será la misma de antes.
Estas experiencias mostraron que los medios más racionales de que dispone el hombre, los medios tecnológicos, no aseguran que la finalidad a la que sirven sea igualmente racional, llegando al extremo de poder producir una destrucción premeditada y en gran escala de la vida humana. Por ello, Gaudium et spes, junto con afirmar que el anhelo más profundo del hombre es vivir dignamente en conformidad a su natura, señala también que el desequilibrio fundamental está en el corazón del ser humano. La «capacidad de desear» muestra que está llamado a una vida superior; sufre una división dentro de sí mismo de la que derivan las discordias[3].
La plenitud de vida está ligada así indisolublemente a la libertad humana y a su capacidad de discernir entre aquello que corresponde a su naturaleza y aquello que lo desvía de su destino y finalidad. Por ello, la tradición antropológica de la Iglesia ha planteado de forma reiterada y constante que la pregunta acerca de qué se es libre no puede contestarse sin plantearse al mismo tiempo el para qué se es libre, es decir, la finalidad o sentido de la dignidad del hombre. El conocer y comprender la finalidad de la existencia es, ciertamente, una capacidad que debe presuponerse en la condición humana en cuanto constituye una realidad única y distinta con relación a todos los otros seres existentes. Pero no es sólo una precondición, sino también el dinamismo que permite el desarrollo de esa misma capacidad y que corresponde a la realización propia de ella. Puede interpretarse el conflicto interior del hombre precisamente como la conciencia de tener una libertad a su disposición que no sabe, sin embargo, para qué usarla ni qué sentido tiene, o bien, como la certeza de haber extraviado la libertad en un objetivo indigno de la dignidad del hombre, que lejos de incrementar esta capacidad de elegir, se vuelve contra ella sometiéndolo a la esclavitud.
La realidad del pecado no se puede disociar, en consecuencia, de la condición libre de la vida humana. El hombre quiso construir su propio fin fuera de Dios, y, negando a Éste como su principio de vida y su ordenación final, trastornó todo el orden creado, y el programa amoroso y perfecto de Dios. El que exista el pecado, como vemos, supone y presupone la libertad del hombre de trastocar el orden querido por Dios, supone la posibilidad de un abuso, que de hecho ocurrió por instigación del maligno[4]. Como se ve, el pecado es una forma de incomprensión de la natura de la libertad humana. Ésta puede ser repuesta en el «estado de justicia» si se deja orientar por la verdad como su fin propio. La libertad no puede verse, en consecuencia, como un atributo de la condición humana cuyo sentido y orientación han quedado indeterminados y el hombre puede determinarlos a voluntad, sino desde el plan del Creador, como el modo específico de participar en la vocación al amor. Como ha señalado el Papa Juan Pablo II: «Dios ha creado al hombre a su imagen y semejanza: llamándolo a la existencia por amor, lo ha llamado al mismo tiempo al amor»[5].

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[1] CONC. ECUM. VAT. II, Const. past. Gaudium et spes, op.cit., 10.
[2] CONC. ECUM. VAT. II, Const. past. Gaudium et spes, op.cit., 9.
[3]“(…) los desequilibrios que aquejan al mundo de hoy están estrechamente relacionados con aquel otro desequilibrio más fundamental, que tiene sus raíces en el corazón del hombre, pues es en el hombre mismo donde muchos elementos están en lucha. Mientras por un lado, como creatura que es, experimenta una múltiple limitación, por otro lado el sentimiento de su capacidad de desear le muestra que es un ser ilimitado y que está llamado a una vida superior. Atraído por tantas solicitaciones, se ve obligado a hacer una continua elección entre ellas y a renunciar a muchas posibilidades. Más aún, débil y pecador no es raro que haga lo que no quiere y que no haga lo que quisiera hacer. Por consiguiente, sufre una división dentro de sí mismo, de la que también dimanan tantas y tan graves discordias en la sociedad” (CONC. ECUM. VAT. II, Const. past. Gaudium et spes, op.cit., 10).
[4] “Pero el hombre, constituido por Dios en un estado de justicia desde el mismo comienzo de su historia, abusó, sin embargo, de su libertad por persuasión del Maligno, alzándose contra Dios y pretendiendo conseguir su fin fuera de Dios (...) Al negarse a reconocer a Dios como su principio, transtornó, además, su debida ordenación a un fin último y, al mismo tiempo, dañó todo el programa trazado para sus relaciones consigo mismo, con todos los hombres y con toda la creación” (CONC. ECUM. VAT. II, Const. past. Gaudium et spes, op.cit., 13).
[5] Juan Pablo II, Exh. Apost. Familiaris consortio, (22 de diciembre de 1981) in AAS 73 (1981) 81-191, n. 11.

 

JORNADA DEL NIÑO POR NACER






 
EL PROGRAMA DE LA "JORNADA DEL NIÑO POR NACER” ha sido el siguiente:

A las 19: APERTURA EN EL  AUDITORIO "NUESTRA SEÑORA DE GUADALUPE" del OBISPADO , en la ciudad de Campana. Sorprendió la presencia de tanta juventud, familias, laicos y laicas pertenecientes a "Justicia y Paz" y asistencia en general. Fue transmitido en directo por FM "Santa María" de Campana y de Matheu (Escobar) y seguido en directo vía Facebook.

A las 19,20   Bienvenida - Oración de Inicio a cargo del Pbro. HUGO LOVATTO, cura párroco de la iglesia catedral y delegado diocesano para la Juventud              

Luego de una Introducción, a cargo de la locutora de la Radio "Santa María", que sucintamente dijo:

Nuestra fe cristiana nos ilumina acerca de que la dignidad de la persona humana tiene su más profundo fundamento en el hecho de ser hijos de DIOS y hermanos de Jesucristo, que quiso ser hombre por amor a todos y cada uno de nosotros.  Con humildad y con firmeza seguimos proponiendo el valor inmenso de la vida humana y el maravilloso mensaje del evangelio, de modo adecuado para llegar al mismo corazón de la cultura de nuestro tiempo.   Las culturas cambian, pero los fundamentos esenciales de las personas permanecen, la ley de DIOS y el sentido común nos han enseñado que la vida es un gran bien debemos preservar desde el mismo momento que comienza. Un sentido humanista y un sentido religioso de la vida humana desde el momento de la concepción hasta la muerte natural nos ayudará a construir una civilización más humana, más digna del ser humano. Los Brazos abiertos de DIOS siempre nos esperan para abrazarnos, cuando hay arrepentimiento., más bien nuestra actitud ha de ser la de valor cada día mas el don de DIOS que ha dado a la humanidad: ser co-creadores de su Amor creador.

Prosiguió la Jornada, que tuvo tres exposiciones y dio lugar a un ciclo de preguntas y respuestas de los presentes.

Destacamos también que la Parroquia Exaltación de la Cruz organizó para el viernes 25 en la Solemnidad de la Anunciación del Señor y Jornada del niño por nacer, a las 19:00 la Santa Misa y a continuación el VIA CRUCIS POR LA VIDA  en la Plaza frente a la Parroquia y al finalizar, bendición de embarazadas en la plaza, a cargo del Pbro. Walberto Morales. Participaro todos los niños de la catequesis y los movimientos parroquiales.

En la jurisdicción parroquial de la parroquia de la Sagrada Familia, de Los Cardales, a las 11  fue celebrada la Eucaristía de la Solemnidad, en la COMUNIDAD DEL CENACOLO, a cargo del Pbro. Claudio Caruso, quien fue acompañado en la oportunidad del Rev. diácono Conrado Gallo.  En horas de la tarde a las 18.30 se rezó el ROSARIO POR LOS NIÑOS POR NACER. y a las 19 se celebró la Misa de la Anunciación de la Santísima Virgen. Luego de la Misa de las 19  junto a toda la COMUNIDAD PARROQUIAL efectuaremos el VIA CRUCIS DEL NIÑO POR NACER.

El SÁBADO 2 de ABRIL, en Escobar, se tiene el siguiente programa:

Santa Misa por la VIDA y la FAMILIA

18:00 hs. Santo Rosario 19:00 hs Santa Misa
Co Catedral de Nuestro Señor Jesucristo
Av. Tapia de Cruz 524, Belén de Escobar, Diócesis de Zárate-Campana

PROSIGUIENDO CON LA "JORNADA" EN EL AUDITORIO DEL OBISPADO DE ZÁRATE-CAMPANA:

a las 19,25 Presentación Expositores.

19,30 Dra. Mariana Rey SARAVIA
* Síntesis de Curiculun Vitae : Medida egresada de UBA, Medica especialista en nutrición egresada en la Universidad Barceló. Diplomatura en Bioética Clínica en la Dra. Elena Lugo en el CAECE – Schoenstatt.

19,50 Dr.  Gerardo PERAZZO
* Síntesis de Curiculun Vitae: Medico. Especialista en urología. Especialización en Conducción y gestión de Hospitales. Maestrando en Ética Biomédica (UCA). Coordinador de la Red Solidaria de la Salud dependiente del Departamento de Laicos de la Conferencia Episcopal Argentina (DEPLAI). Miembro del DEPLAI ( en representación de la Red Solidaria)  Coordinador del Área Salud de Caritas Buenos Aires. Integrante Coordinador de grupos de trabajo - Docente Asociado en la UBA - investigador con dedicación especial instituto de BIOETICA del la UCA. Profesor invitado en la Universidad Pompeu Fabre de BARCELONA. Disertante en cursos, jornadas y congresos en BIOETICA.  

20,15  Preguntas

20,30 Exposición Mons. Dr. Oscar D . SARLINGA.
Obispo de la Diócesis de ZARATE-CAMPANA
* Reflexiones. “ El milagro de la Vida”

21 Agradecimientos y despedida.
Agradecemos a los colaboradores: Carolina Martinoli  y Elías Duff
Agradecemos: a FM Santa María : Zarate - Campana  al señor Gastón MOLINA
FM Santa María:  Matheu
Agradecemos a los Movimientos Integrados : en las personas de Pastoral de Juventud al Pbro. Hugo LOVATTO, Liga de Madres de Familia al Pbro. Lucas MARTINEZ y a la Señora Celestina MATTINA, al Movimiento de Partidas en la persona de Elias Duff , Grupos de Misionero Discípulos de Jesús en la señora Beatriz Valerio , al Grupo Misionero de Oración Misionero Nuestra Señora del Cielo en la persona del señor Rodolfo PINI. Grupo de Familia de la Parroquia María de Nazaret en la persona del Pbro. Mario MEDINA. A la Comisión Diocesana de Justicia y Paz.


LA DIGNIDAD HUMANA DESDE LA CONCEPCIÓN HASTA LA MUERTE NATURAL

Cuando hablamos de la "dignidad humana" hay un elemento central que no puede ser sometido a comparación, que no reconoce propiamente gradación. Esto es lo que expresaría la intuición de Kant de que hay algo que es propio, lo íntimo de cada hombre/ mujer, y que no puede ser utilizado como medio, como instrumento, sino que es siempre un fin en sí. Ningún ser humano puede estar sometido a nuestro arbitrio. Hay algo en mí y en cada uno de los hombres y mujeres, que le es propio, y de lo cual nadie puede disponer. Nadie puede estar a disposición de otro como lo está el instrumento a la del operario. Esa condición del ser humano es su dignidad. Todas las cosas pueden ser transables y tienen precio; pero el hombre tiene dignidad.

Ser persona no es algo agregado, no es una cualidad o característica del ser humano: es la manera que tiene el ser humano de existir, de ser. La dignidad no está ligada a sus cualidades morales, físicas o intelectuales, sino simplemente a que este "es", al hecho de que como individuo de la especie humana tiene un lugar absolutamente especial en la creación.

La persona humana en cuanto organismo biológico está sujeta a leyes de origen, desarrollo y decadencia. Durante este trayecto es válido que ella no puede ser usada como instrumento y que es digna de acogida y de respeto. Desde el primer instante de su existencia la persona es con otros, los otros son responsables ante ella, deben acogerla, no pueden manipularla como si fuera un instrumento. Es en sí misma un fin y demanda de todos acogida y protección.

DIGNIDAD DEL EMBRIÓN HUMANO

Vamos a ordenar esta exposición de acuerdo a las siguientes preguntas:

¿Qué es un embrión humano? A lo que adelantamos la respuesta que propondremos: es un organismo perteneciente a la especie humana.

¿Qué trato corresponde darle a ese organismo? A lo que responderemos: el que es debido a una persona humana.

¿Qué se puede inferir de una sociedad que le niega ese trato? A lo que responderemos que ella no alberga un respeto cabal a la persona humana.

 ¿Qué es un embrión humano?

Queremos intentar una respuesta muy parcial, muy limitada, pero que no recurra todavía a nociones filosóficas que hoy son compartidas sólo por algunos; que se apegue en este apartado más bien al lenguaje de las ciencias naturales. Creemos que esta manera de proceder presenta algunas ventajas en cuanto posibilidad del diálogo.

La respuesta es casi engañosamente simple: es un organismo de la especie humana. Pero para entender esta respuesta en sus implicaciones hay que clarificar los términos. ¿Organismo animal? ¿Cuándo decimos que estamos frente a un organismo?

Un organismo es una unidad discreta, una entidad biológica que se distingue claramente de su medio, del cual lo separa una capa más o menos complicada de estructuras que vienen a constituir el límite o borde del organismo.

Todos los organismos se caracterizan por una trayectoria de desarrollo, de complicación, de auto-organización, que sigue un curso perfectamente previsible. Si observo un organismo de una especie determinada en un momento dado de su vida puedo prever cuál será su estado en un instante posterior. Nos interesa destacar que este fenómeno universal en los organismos animales de autoorganización ordenada y de curso predecible deriva directamente de que sus componentes químicos tienen formas y propiedades especificadas con alta precisión: poseen un "alto grado de información" y desenvuelven sus reacciones de interacción química dentro de los límites establecidos por un borde. Todas estas propiedades son comunes a los organismos, desde el primer instante de su constitución hasta la disolución del sistema termodinámico en la muerte.

Claramente este sistema empieza con la penetración del espermatozoide en el ovocito. En ese instante se generan -en el espacio confinado por la membrana celular- las cadenas continuas de reacciones químicas coordinadas entre los componentes paterno y materno que caracterizan el desarrollo. Inmediatamente antes de ese instante hay dos células independientes, el espermatozoide y el óvulo, que no están circunscritas por un borde común y que tienen destinos o trayectorias propias, enteramente distintas de la que se hará presente en el óvulo al ser fertilizado. Inmediatamente después tenemos un organismo en evolución.

Pero también, e insistiendo un poco sobre el desarrollo del huevo fecundado, él es claramente un organismo de la especie humana. El más simple de los estudios de sus cromosomas así lo acredita, y más todavía lo acredita su trayectoria normal de desarrollo que a través de distintas etapas lo lleva a la adultez y la muerte.

Además, cada embrión es un sistema dinámico en el cual se combinan de manera única por lo menos dos tipos de componentes: los que constituyen sus genes y los que forman el resto de los componentes celulares: en el caso del zigoto, el citoplasma.

Todo esto vale entonces desde el momento de la fecundación. No hay razón sólida para pensar que un embrión es menos un organismo humano antes de la implantación en el útero que después de ella: los famosos catorce días del informe Warnock son un plazo convencional y dictado por razones sin base conceptual que resista el análisis.

¿Qué trato merece un organismo humano? ¿Desde qué momento merece el trato debido a una persona?

Puesto de otro modo, ¿desde qué momento tiene el derecho a la vida? Pensemos por un momento en este concepto tan peculiar de "derecho a la vida". La propia existencia no es una cosa a la que uno tenga un derecho que sea de la misma especie que los demás. El "derecho a la vida" es más bien el fundamento o condición de todos los derechos y bienes posibles

Las funciones de relación humanas aparecen también gradualmente en trayectorias de desarrollo y no está claro por qué, si el organismo es un sistema en desarrollo (y lo es siempre), debería preferirse algún momento especial de madurez funcional y no, por ejemplo, el de algún fenómeno de determinación que sea irreversible. Se ha hablado entonces del instante de la aparición de las primeras neuronas, pero no queda claro qué podría tener de especial este último fenómeno para darle preferencia sobre la aparición del primer esbozo del sistema nervioso en el tubo neural, el que aparece como una diferenciación en un organismo humano ya constituido y se halla irreversiblemente comprometido en el desarrollo de un sistema nervioso humano, y cuyo origen hay que buscarlo más atrás, en el mismo comienzo de la evolución del embrión.

Uno puede decir con perfecta propiedad que desde el momento en que existe un organismo humano se hallan en alguna fase de su desarrollo las funciones de relación que le son propias. Da la impresión de que cualquier punto que se escoja para decir: "Aquí se inicia el desarrollo de las funciones de relación" es completamente arbitrario y refleja el deseo de encontrar un punto de discontinuidad más bien que la existencia de tal discontinuidad. Haciendo una brevísima incursión en un terreno de filosofía que hemos evitado hasta ahora, diríamos que la persona humana existe en un cuerpo y que es propio de ese cuerpo hallarse siempre en algún estado de desarrollo.

Entonces, reformulando la pregunta, ¿cuál es el trato debido a un organismo que tiene tantas probabilidades de ser efectivamente una persona? Cuando algo muy grave está en juego -como la vida de alguien- la menor incerteza plantea un problema moral y por eso respondemos que ante cualquier mínimo grado de incertidumbre se le debe al embrión el respeto que se le debe a una persona. Yo puedo afirmar, claro está, que el embrión es siempre un organismo humano y que no hay ninguna evidencia científica que sea suficiente para negarle la condición de persona. Y eso tiene una importancia práctica decisiva para decidir sobre el trato que debo darle.

 ¿Qué significa que se le niegue al embrión el derecho a vivir?

En el estado actual de nuestros conocimientos, no importa tanto la seguridad de que el organismo embrionario sea una persona, como que no existe un respeto adecuado a la persona humana; no tanto las dudas sobre el "estatus" del embrión como el desdén por el hombre.

DIGNIDAD DE LA FAMILIA Y DERECHOS HUMANOS


La Declaración de los Derechos Humanos no respondió a ninguna postura filosófica o religiosa determinada, sino que fue provocada por los grandes horrores de la Segunda Guerra Mundial. Como el articulado de la Declaración hace prescripciones bastante precisas sobre régimen político, no sería tampoco lógico, si no se quiere caer en un raciocinio circular, buscar el fundamento de la Declaración en el propio ideal político que ellapropone. Sinembargo,apesarde estaforma de "neutralidad ideológica", ya la primera mirada al texto revela algunos supuestos del documento.

El primero de ellos es su pretensión de ser universalmente vinculante. La Declaración es presentada como "ideal común por el que todos los pueblos y naciones deben esforzarse" (proclamación). Ella aspira entonces a darle una forma jurídica a un sentido moral de la humanidad, que no se entiende si no pretende universalidad.

A continuación, el escrito apunta hacia principios que se suponen reconocidos por todos los seres humanos, hasta el punto de que no requieren de mayor justificación. Empieza con la afirmación de que "la libertad, la justicia y la paz en el mundo tienen como base el reconocimiento de la dignidad intrínseca y de los derechos iguales e inalienables de todos los miembros de la familia humana" (considerando Nº 1). Y afirma además (art. 1) que "todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos", y luego que "toda persona humana tiene todos los derechos y libertades proclamados en esta Declaración, sin distinción alguna..."

"Dignidad" y "derechos" configuran una condición especial y única, propia de personas en las cuales se aúna la condición de sujetos con la apertura a una verdad que las trasciende. La Declaración supone la noción del hombre como ser responsable y sometido a exigencias morales objetivas que se pueden codificar. Aún más, supone la universalidad de una ley que ha de regir a muchos pueblos, de historias, costumbres y culturas diferentes y que por lo tanto debe haber persistido a través de evoluciones culturales divergentes. El hecho de que conserve una vigencia universal, manteniéndose válida para todos, sugiere un fuerte grado de inmutabilidad: los derechos humanos serían no sólo universales sino también permanentes. En esta forma, los derechos propuestos configuran un conjunto de bienes objetivos importantes para el hombre.

Es posible que prescripciones éticas o jurídicas de carácter universal y perdurable reflejen alguna forma de experiencia ética básica de la humanidad. Porque cuando el hombre aprueba, reprueba o regula una conducta dada, ello acontece en primer término porque la siente conforme o disconforme con lo que su propio modo de ser le impone. La aprobación es una suerte de adhesión práctica al objeto propuesto para la conducta, una verdadera connaturalidad entre el objeto propio de la acción y su agente. Se verifica un juicio de inclinación que se refiere directamente a lo concreto de la situación propuesta y que debe ser posteriormente ratificado por la razón.

El acuerdo que se exige y proclama en la Declaración no pretende fundarse en ninguna concepción particular del hombre que se halle explícitamente reconocida en ella. Sin embargo, es difícil eludir la impresión de que la aceptación de la Declaración supone un grado de acuerdo sobre lo que se ha llamado desde antiguo la "naturaleza humana". Tal vez por eso mismo ella fue aceptada como proyecto por pensadores como Jacques Maritain, sostenedores de la noción de una "naturaleza humana" de la cual fluyen derechos y obligaciones. En cambio, filósofos como Croce, afectos a una interpretación historicista de lo humano, relativizaban o cuestionaban su valor.

Creemos que este es el punto en que se articulan los problemas de la familia y bioética con la Declaración de Derechos Humanos. Desde 1948 hasta hoy se ha ido produciendo una deriva en la concepción misma del hombre, la que viene a encontrarse con la revolución en la biomedicina.

EL OBISPO MONS. OSCAR SARLINGA VISITÓ EL BARRIO “LAS ACACIAS”

EN EL BARRIO "LAS ACACIAS" DE LA JURISDICCIÓN DE LA PARROQUIA DE NUESTRA SEÑORA DEL CARMEN (CAMPANA), EL OBISPO VISITÓ LA CAPILLA "SAN ANTONIO DE PADUA", SUS AGENTES PASTORALES E INFRAESTRUCTURA DE SERVICIO PASTORAL

  

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Continuando con el proyecto de visitar durante los meses de enero, febrero y marzo de 2011 las capillas barriales, centros pastorales y centros de promoción humana de la diócesis donde no pudo hacerse presente en 2010, Mons. Oscar Sarlinga completó el día domingo I de Cuaresma dicho programa en lo que concierne a las jurisdicciones parroquiales de Santa Florentina y Nuestra Señora del Carmen (confiada esta parroquia a los Padres Rogacionistas) dentro de la vasta y extendida ciudad de Campana. Asimismo, como se ha mencionado en noticias anteriores, durante estos meses visitó también el Obispo varias capillas y centros pastorales de los partidos de Pilar y Escobar. En el domingo, I de Cuaresma, como se ha dicho, concurrió al popular barrio “Las Acacias”, más precisamente a la capilla de San Antonio de Padua, enclavada en medio del barrio (que tiene similares características al de Villanueva, también en Campana, donde fue la semana pasada) y tuvo la ocasión de ver todas las instalaciones pastorales, así como de encontrarse con los grupos de catequistas, de Caritas y de animación pastoral, junto con el Padre Ernesto Butano, responsable pastoral delegado por la congregación rogacionista para esas capillas. Durante la misa, el Obispo explicó el Evangelio de “las tentaciones de Jesús en el desierto” (correspondiente al texto litúrgico) así como hizo referencia al patrocinio de San Antonio de Padua, y a la importancia de vivir en unidad y amor de las familias, puesto que numerosas familias se hallaban presentes en la celebración de la eucaristía. Al término de la misa, bendijo junto con el Padre Butano “los panes de San Antonio” pidiendo al Señor que por intercesión de este Santo concediera a todas las familias la paz, prosperidad, el trabajo y la voluntad de vivir unidos, con un sentido de solidaridad que siempre se pusiera al servicio de la construcción de la comunidad.  De tal modo, tanto San Felipe, San Cayetano, Sagrado Corazón, San Pedro y ahora San Antonio de Padua, todas capillas barriales pertenecientes a la vasta jurisdicción de la parroquia de Nuestra Señora del Carmen, en barrios nuevos de Campana, muchos formados de familias trabajadores, o de bajos recursos, recibieron la visita del Pastor diocesano, algunas varias veces, entre 2010 e inicios de 2011.

Véase, para la noticia:

http://www.obispadozaratecampana.org/?page=Inicio

Visita pastoral: Nuestro obispo diocesano Mons. Oscar Sarlinga visitará la Capilla de barrio Las Acacias


 

 
Este domingo 13 de marzo, nuestro Obispo, Mons. Oscar Sarlinga, visitará la Capilla San Antonio de Padua en el barrio Las Acacias. Allí celebrará la Santa Misa para toda la comunidad las 10 de la mañana.

Sin duda para el barrio la visita y presencia del Obispo son motivo de alegría y consideramos el actuar de Mons. Sarlinga, para con esta comunidad, un signo de gracia y de privilegio especial.

El Obispo es sacramento o signo visible y eficaz de la unidad y universalidad de la Iglesia local, o sea de su catolicidad. El, significa y garantiza la catolicidad de una comunidad. A la vez da cohesión a los miembros, acrecienta la comunión entre todos con la totalidad del cuerpo Místico. Y además hace presente a Cristo en la comunidad de sus fieles, y donde está Cristo la comunidad es católica.

Estamos, desde luego, agradecidos a Mons. Sarlinga por su visita; rezamos por él y aceptamos plenamente su enseñanza, pues El es el pastor, maestro y guía.

Nuestro Santo fundador, Padre Aníbal di Francia, nos dejó en herencia el amor especial que todo Rogacionista debe tener por el obispo con estas palabras: " Consideraré al Obispo como superior mayor. Pues en todo aquello que él disponga, pienso obedecerle y honrarle por sobre los mismos superiores del instituto"

La capilla San Antonio de Padua del barrio Las Acacias pertenece a la parroquia Ntra. Sra. del Carmen, que fue creada el 23 de septiembre de 1979, y confiada a los Padres Rogacionistas. Desde ese día poco a poco y con la colaboración de nuestra gente se ha ido terminando la construcción del pequeño templo y anexos. Es su patrono San Antonio. A lo largo de estos años mucha gente ha pasado por la capilla y en la actualidad hay una buena concurrencia de feligreses. Las actividades que en ella se desarrollan dan vida y prestigio: la catequesis, el comedor infantil, la liga de madres de familia, la legión de María, Cáritas, etc… son como las ramas que dan belleza al árbol; o como las estrellas que tachonan nuestro cielo.


Bienvenido Mons. Sarlinga y muchas gracias

P-Ernesto Butano -Rogacionista

Zárate-Campana: Culminan las visitas pastorales del mes de febrero

Fuente: La Autentica Defensa

"Transmitir una fuerza de fe y de transformación de la sociedad, desde lo que se consideran las periferias, reafirmar nuestra opción por los pobres desde la raíz cristológica y no desanimarnos en obrar el bien", dijo el Obispo Oscar Sarlinga en "San Pedro Apóstol" en el barrio de Villanueva, en Campana

 

Pastorales de febrero
Luego de haber acudido al centro pastoral "Nuestra Señora de Lourdes" y a diversas capillas del partido de Pilar en los días precedentes, Mons. Oscar Sarlinga asistió a la eucaristía inaugural (y subsiguiente reunión) con el naciente consejo pastoral de la parroquia de Nuestra Señora de las Gracias (Pilar) y continuando luego con la planificación pastoral de los meses de enero y febrero, en nuestro verano, del cual el Obispo suele decir que "conviene quedarse en la diócesis, para aprovechar a ver mucha gente que uno no encuentra durante el año hábil o de trabajo", han proseguido las visitas a distintas capillas y centros pastorales en zonas más alejadas de la diócesis, "las periferias", como las considera el concepto meramente humano, zonas no ubicadas en lugares centrales, muchas veces con problemas de inseguridad o desigualdades notables, y esto con la finalidad de llegar de manera reticular con la evangelización y misión, con la promoción humana integral, promoviendo un voluntariado cristiano, el cual es una gran riqueza para nuestras sociedades, y una fuerza de amor en la tarea misionera. Las "capillas" que están en los radios de las jurisdicciones parroquiales, funcionan como centros de culto, pero al mismo tiempo, con sus instalaciones pastorales y sus fieles voluntarios, como centros de promoción humana integral (catequéticos, caritativos en sentido institucional, escolarizadores). Se trata, pues, de "una escuela de rico humanismo trascendente", a menudo ubicadas en las periferias de las ciudades o aglomeraciones urbanas que en su mayor parte caracterizan a la diócesis de Zárate-Campana.

Mons. Sarlinga se encuentra a punto de concluir con las visitas a las capillas del partido de Campana (el día 13 visitará "San Antonio de Padua" del barrio "Las Acacias") y proseguir con las capillas y centros pastorales de Pilar, finalidad con la cual visitó también la capilla de "Nuestra Señora del Rosario" (de San Nicolás) en la única zona de Del Viso perteneciente a la diócesis perteneciente a la diócesis de Zárate-Campana. Por por último, el domingo 27 de febrero visitó la capilla de San Pedro Apóstol, en el popular barrio de "Villanueva" (en Campana, en la margen derecha de la autopista Panamericana, mano a Buenos Aires).

La parroquia de "Nuestra Señora de las Gracias", enclavada en una periferia del populoso y desigual partido de Pilar, es uno de los tantos ejemplos de las contradicciones de carácter social, que la Iglesia se esfuerza por superar a través de la fe común y la vivencia de la solidaridad. La parroquia por muchos años careció de templo parroquial, el cual hoy se encuentra en estado avanzado de construcción del nuevo, al punto que numerosas celebraciones ya se realizan allí. Se da allí una activa vida pastoral y a iniciativa del párroco y con el apoyo de numerosos laicos, pudo realizarse la creación del primer "consejo pastoral", siguiendo los lineamientos del Plan diocesano de Pastoral. El obispo fue a la parroquia el día viernes 25, donde celebró la misa, con la concelebración del cura párroco, Pbro. Fernando Crevatin y la asistencia de numerosos fieles laicos (junto con los dos seminaristas surgidos de esa comunidad parroquial, Jerónimo Martínez y Agustín López). Al término de la celebración, el párroco llamó uno a uno a los 15 integrantes del naciente "consejo", los presentó a la comunidad y expresó lo que la Iglesia esperaba de ellos. Al concluir la celebración, el obispo saludó a todos los participantes de la misa y luego estuvo presente en la primera sesión del consejo, en gran salón parroquial (también en estado de terminación) del piso de arriba, donde se mantuvo un fluido diálogo de carácter pastoral y eclesial, fundado sobre a partir de la expresión del documento de Puebla acerca de la parroquia, llamada allí "comunidad de comunidades".

La capilla de Nuestra Señora del Rosario (llamada "de San Nicolás" según la devoción popular) pertenece jurisdiccionalmente a la parroquia de "Santa Rosa de Lima" de Manuel Alberti, aunque esa zona ha sido considerada desde muchos años como perteneciente a la localidad de DEL VISO (ambas en el partido de Pilar). En los límites demarcatorios que trazó la Santa Sede, la zona de la mencionada capilla quedó en el ámbito de la diócesis de Zárate-Campana, como por otra parte era su historia. El Obispo Mons. Oscar celebró la eucaristía, muy concurrida, de la que participaron Mons. Marcelo Monteagudo, Delegado para las misiones (puesto que se llamó especialmente a un gesto de misión en esas zonas) y el Pbro. José de Estrada. Al concluir la celebración, el Obispo y los sacerdotes permanecieron hasta tarde compartiendo un refrigerio con la comunidad presente, y con un activo diálogo de carácter pastoral. En la capilla existe un excelente equipo de catequistas, funciona una buena "Caritas", misiona la Legión de María, se está formando el grupo de jóvenes y se va a retomar el "apoyo escolar" para los niños más necesitados, en vistas a una mejor educación.

En la capilla de "San Pedro Apóstol" del popular barrio de "Villanueva" (en Campana) el Obispo Mons. Sarlinga llamó, propiamente, a "transmitir una fuerza de fe y de transformación de la sociedad, desde lo que se consideran las periferias". Al mismo tiempo pidió que nos mantuviéramos en una opción preferencial por los más pobres, desde una "raíz cristológica" como lo dijera el Papa Benedicto XVI en el discurso inaugural de Aparecida, en Brasil, y "a no desanimarnos en obrar el bien".

Entrando en un sector de Campana, a pocos centenares de metros de la Panamericana, pero en una zona que con criterios mundanos podría llamarse "una periferia", un lugar alejado del centro, de los lugares de decisiones, se encuentra el barrio "Villanueva". Mucha gente obrera, muchas familias, mucha gente buena, un lugar donde no falta la inseguridad, cual uno de los males que asuelan el llamado último cordón del Gran Buenos Aires. Pero hay mucha solidaridad, mucho sentido de familia, y todavía queda religiosidad popular.

Allí, en medio del barrio, totalmente inserta, se encuentra la iglesia de San Pedro Apóstol. Podría decirse que "centra" la populosa y popular barriada de esa zona de Campana (en la que se calcula viven unos 8.000 habitantes, según estimaciones de los propios vecinos) y cuenta con un espacioso templo (el clásico "salón" con techo a dos aguas, muy simpático), salones pastorales, salas de catequesis, batería de baños, dos amplias cocinas, y un notable y gran salón de usos comunitarios. Funciona allí un comedor para niños más carenciados, que ascienden diariamente entre los 85 y 90. Tienen una "Cáritas" que funciona muy bien, con voluntarios de primera calidad, con gente de fe y que hace de la dedicación a los más necesitados un deber cotidiano.

Luego de celebrar la misa, el Obispo Mons. Oscar recorrió una a una las instalaciones, acompañado por el P. Ernesto Butano (de los PP Rogacionistas), miembros de la Caritas, de la Legión de María y del grupo de jóvenes. Mons. Sarlinga quedó muy gratamente impresionado del trabajo pastoral en esa zona, y de la incidencia de la capilla en el corazón del barrio. Se hallaban presentes en la ceremonia una delegación de las otras capillas confiadas a los PP. Rogacionistas, a saber, el Sgdo. Corazón (que Monseñor Sarlinga bendijo y dedicó al culto un par de años atrás), San Felipe (donde es conocida la concurrida festividad de Nuestra Señora del Rosario de San Nicolás) y San Antonio de Padua (del barrio "Las Acacias") que constituye la próxima visita pastoral que hará el Obispo Sarlinga para completar su recorrido por las capillas y centros pastorales pertenecientes a la jurisdicción de la parroquia de Nuestra Señora del Carmen (confiada por el Obispado a los PP. Rogacionistas).

David Mesa Noack

Secretario de Comunicación Institucional del Obispado

Atención: lunes a viernes, de 9 a 13, Tel 03489 422817- 426606 líneas rotativas, interno 37.