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Monseñor Oscar Sarlinga

Nos unimos a la alegría por nuestro nuevo Papa, Obispo de Roma y Sucesor de Pedro

Desde hoy tenemos un nuevo Pontífice, el Papa Francisco I.  El Señor Jesús lo ha llamado al ministerio petrino; Él le da su gracia y su luz para pastorear a la Iglesia de Dios, su Pueblo, el Cuerpo Místico de Cristo.
Reciba, Santo Padre, nuestro amor filial y nuestra oración, reavivando en nosotros la fe, la esperanza y la caridad, la unidad en Cristo, como nos ha afirmado el Concilio Vaticano II, en Lumen gentium, 23:  "El Romano Pontífice, como sucesor de Pedro, es el principio y fundamento perpetuo y visible de unidad así de los Obispos como de la multitud de los fieles".
Al Sucesor de San Pedro, nuestra comunión afectiva y efectiva, y nuestra oración por él al Espíritu Santo y a María Santísima.

En el nombre de esta porción del Pueblo de Dios, de Zárate-Campana,

+Oscar D. Sarlinga 

Encuentro nacional de delegados diocesanos de la Infancia y Adolescencia Misionera

Entre el 1 y 3 de marzo del corriente año se llevó a cabo en la sede de Obras Misionales Pontificias (OMP) el encuentro nacional de delegados diocesanos de la Infancia y Adolescencia Misionera (IAM). Más de 30 diócesis de nuestro país (Avellaneda Lanús, Laferrere, Lomas de Zamora, Quilmes, San Martín, San Miguel, Cafayate, Catamarca, Concepción, Jujuy, San Ramón de la Nueva Orán, Tucumán, Concordia, Gualeguaychú, Rosario, San Nicolás, Santa Fe, Corrientes, Resistencia, Reconquista, Goya, Posadas, Oberá, Córdoba, Río Cuarto, La Rioja, Mendoza, Alto Valle de Río Negro, Comodoro Rivadavía, Río Gallegos, Viedma, Azul, Chascomús, Zarate Campana) enviaron a sus delegados al encuentro para trabajar los siguientes objetivos:       
             
1) Conocer, coordinar y fortalecer el trabajo de la Infancia y Adolescencia Misionera a nivel nacional.
2) Fortalecer el rol del animador, brindándole herramientas para su formación integral, este año poniendo especial interés en América, el continente por el que trabajaremos durante todo el 2013.
3) Elegir el lema que nos acompañará  en el año y en la Jornada Nacional de la IAM
4) Informar y acordar pautas comunes para la IAM que camina en Argentina.
En base a esos objetivos los temas tratados fueron:

-Perfil del delegado de la IAM (Padre Marcelo Dominguez, miembro del secretariado nacional de la IAM, referente de la región pastoral Buenos Aires)
-El acompañamiento del delegado de la IAM (Hna. Marcela Davies, secretaria nacional de la IAM)
-La Fe en la Sagrada Escritura (Pbro. Padre Dante De Sanzzi, director nacional de OMP)
-Carisma de la IAM, volver a las fuentes (Norma Jiménez, miembro del secretariado nacional de la IAM, referente de la región pastoral Platense)
 Estos tres días de formación, comunicación y comunión misionera en los que compartimos ricos momentos de espiritualidad y fraternidad con Jesús y nuestros hermanos a través de la oración, encuentro y momentos celebrativos, nos permitieron renovar y fortalecer nuestro servicio como animadores y, desde allí, animar y acompañar en su vocación misionera a todos nuestros niños y adolescentes.
El encuentro contó, además, con trabajos en grupo por regiones pastorales, evaluando el andar de la obra en 2012; elementos para trabajar con la Biblia, haciendo también experiencia desde la pastoral del año de la Fe; propuestas de acción para festejar los 170 años de la IAM a nivel regional y nacional y para hacer crecer la alcancía misionera, ofrenda material que llega a los niños y adolescentes más necesitados del mundo. También compartimos dos noches culturales, en las que nos hermanamos como argentinos con las distintas costumbres y delicias de nuestro país y entendimos, un poquito más, las realidades de los otros grupos de IAM de nuestra tierra.

Casi al final del encuentro tuvo lugar la elección del lema que nos acompañará en este 2013, en donde toda nuestra oración, sacrificios y servicios estarán especialmente inclinados al continente americano, el mismo reza: "Con Fe y Oración América en misión".

 Te invitamos a ofrecer un Ave María por día por nuestro continente y por todos los niños y adolescentes misioneros, para que crezca en ellos el ferviente deseo de anunciar a Jesús con sus obras, palabras, vida y entrega.

¡DE LOS NIÑOS Y ADOLESCENTES DEL MUNDO...SIEMPRE AMIGOS!

Lucía Johanna Castelli
Delegada diocesana de la IAM, Zárate-Campana


Para más información sobre la obra de la IAM entrá a
http://www.ompargentina.org.ar/index.htm 
o al Facebook "IAM Diocesana Zárate Campana"
o mail infanciayadolescenciamisionerazc@hotmail.com para informarte de las actividades de la IAM en nuestra diócesis.

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Secretaría de Comunicación Institucional del Obispado
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Ecos de la misa de acción de gracias por el ministerio petrino de S.S. Benedicto XVI y últimos tweets que nos ha enviado instándonos a la alegría

También tuvo amplio eco en medios de comunicación y en medios sociales, que sería excesivo el citar aquí, la misa de acción de gracias por el ministerio petrino de S.S. Benedicto XVI. Un extracto de la celebración y de la homilía de Mons. Oscar Sarlinga puede verse también en youtube.

Mientras tanto, el “Papa emérito”, que conserva el título de Su Santidad Benedicto XVI, envió sus últimos tweets, el jueves último día de su pontificado, exhortándonos a la alegría cristiana, dándonos como sus últimas exhortaciones a partir de “la alegría de tener a Cristo como el centro de nuestra vida” y el redescubrir “la alegría de ser cristiano, de sentirse amado por Dios, que nos ha enviado a su Hijo”.

Veamos los tweets textuales. El jueves 28 último día de su Pontificado, Benedicto XVI publicó su último “tuit”, escrito en sus cuentas @pontifex en 9 idiomas:

“Gracias por vuestro amor y cercanía. Que experimentéis siempre la alegría de tener a Cristo como el centro de vuestra vida.” El anterior lo publicó el miércoles, su penúltimo día como Papa, tras la audiencia en la Plaza de San Pedro con más de 100.000 personas:

“Quisiera que cada uno de vosotros experimentara la alegría de ser cristiano, de sentirse amado por Dios, que nos ha enviado a su Hijo”. Como se ve, en los dos días invita a todos a “experimentar alegría”; el miércoles, por sentirse amado por Dios; el jueves, al poner a Cristo en el centro de la vida.

El portador de las Llaves, usuario de @pontifex Respecto a la cuenta @pontifex de Twitter, el secretario del Consejo Pontificio para las Comunicaciones Sociales, Paul Tighe, informó que esta fue creada para uso del Pontífice, sea quien sea.   La cuenta permanecerá inactiva durante el período de Sede Vacante, el interregno que va entre la renuncia y la elección de su sucesor.  Tighe precisó que la cuenta @pontifex estará disponible, por lo tanto, para ser usada por el siguiente Papa, “si él desea hacerlo”.   Así, quien recibe las Llaves de Pedro, y el Anillo y las Sandalias del Pescador, recibe ahora también esta cuenta de Twitter, y hereda sus “followers”.

 

Cátedra de San Pedro y Eucaristía en acción de gracias porel ministerio petrino de Benedicto XVI en iglesia de Santa Florentina (Campana)

(Dióc. Zárate-Campana)

Sábado 23 de febrero de 2013
Iglesia catedral de Santa Florentina
(ciudad de Campana)

Hermanos y hermanas tan queridos:

Luego de haber celebrado la festividad de la Cátedra de San Pedro, en esta víspera del domingo II de Cuaresma en el que el Evangelio de Lucas nos presenta la Transfiguración del Señor, los invito a contemplar la mirada de Jesús transfigurado, a dejar que Él pose su mano en nuestro corazón, y a reencontrar en nuestras vidas el perdón y la consolante renovación de nuestra vocación y misión.

Porque es la mirada de Jesús, que dulcemente penetra en nuestro ser, la que nos renueva. Como renovó, en cada momento fundamental de su vida, al hoy Obispo de Roma y Sucesor de Pedro, el Papa Benedicto XVI, que lo será hasta el próximo 28 de este mes.

Retrotrayendo nuestra mirada, a la vez, hacia atrás en la historia, vemos que fue el beato Papa Juan Pablo II quien providencialmente llamó a Roma, a la Congregación de la Fe, al entonces arzobispo de Munich, el cardenal Joseph Ratzinger. Él ya era cardenal, habiendo sido creado por S.S. Paulo VI, luego de haber sido nombrado por el mismo Papa como arzobispo de la ciudad bávara. Una conjunción, podemos decir, en quienes sirvieron en el ministerio petrino en las últimas décadas.

La Providencia Divina quiso que, con el decurso de los años, luego del venturoso pontificado de Juan Pablo II, Joseph Ratzinger fuera elegido Obispo de Roma y Sucesor del Apóstol Pedro, para lo cual tomó el nombre de Benedicto XVI, el “nombre nuevo” que el Señor da a quienes confía la misión de “apacentar a los corderos” (cf. Jn 21, 15-17).

Todas las personas de buena voluntad pueden testimoniar como, a lo largo de estos años de generosa entrega el Papa habló y obró, presidiendo en la caridad, en la comunión (koinonía) de la Iglesia, con “la voz de Cristo (que) reúne todas las aguas del mundo, lleva en sí todas las aguas vivas que dan vida al mundo”, tal una imagen bíblica (cf. Ap 1, 15) que muy recientemente empleó, refiriéndose a la voz de Cristo de la que hizo eco San Pedro.

En estos momentos, ante la decisión de Benedicto XVI, ponderada, libre, y tomada con rectitud por su amor inquebrantable a Cristo y a la Iglesia, hemos querido celebrar esta eucaristía, teniendo en el corazón a todo el presbiterio, vida consagrada y laicado, unidos espiritualmente como diócesis, en la festividad de la Cátedra de San Pedro (ayer, en esta misma iglesia catedral) y hoy, víspera del Domingo II de Cuaresma, 23 de febrero, en acción de gracias por todo lo que el mismo Señor Jesús, Rey de los Pastores, nos ha brindado a través del ministerio de Benedicto, Benedictus, bendecido, misteriosamente, bendito en su vocación y misión.

En absoluto pretendo siquiera esbozar su inmenso legado y mucho menos hacerme intérprete de signos, para lo que no tengo la capacidad. Sería sencillamente imposible resumir su legado viviente, y por otra parte no es el caso de hacerlo en una homilía, y ante esta asamblea.

En cambio, procuraré espigar tan sólo algunos recientes “dones” de fe, esperanza y caridad que nos ha dejado, cuales signos humildes, amorosos e iluminados por el Espíritu.

En primer lugar, los insto a atender (y dirigir la mirada de ustedes) a la reciente lectio divina del Santo Padre, del 8 de febrero de 2013 (tres días antes del anuncio de su renuncia), durante una visita al Pontificio Seminario Romano Mayor. Un Obispo siempre se dirige  con corazón especialmente paterno a los seminaristas. Estas palabras forman parte de un excelente comentario espontáneo del Papa a un texto de la Primera Carta de San Pedro (1,3-5), ante “sus seminaristas” de la Diócesis de Roma, y se refieren a una esperanza, al continuo “renacer”, “renovarse” de la Iglesia:

“Herencia es algo del futuro, y así esta palabra dice sobre todo que los cristianos tenemos el futuro: el futuro es nuestro, el futuro es de Dios. Y así, siendo cristianos, sabemos que el futuro es nuestro y que el árbol de la Iglesia no es un árbol moribundo, sino un árbol que crece siempre de nuevo. (…)  La Iglesia se renueva siempre, renace siempre (…)”La Iglesia se renueva siempre, renace siempre”

También con ocasión de esta visita al Pontificio Seminario Mayor, en la festividad de la Madonna della Fiducia (Virgen de la Confianza), el Papa Benedicto se refirió, como “entrando en el ser” de San Pedro, a su vocación de “testigo”, y, por ello, vocación “martirial”, a partir de la carta del Apóstol (Cf I Pe. 1,3-5). Podríamos decir que extrajo allí, como “condensado” el sentido del ministerio petrino, cuando describe a Pedro, “que habla” en su carta:

“Habla entonces aquél que encontró en Cristo Jesús al Mesías de Dios, que habló el primero en nombre de la Iglesia futura: «Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios vivo» (cf. Mt 16, 16). Habla aquél que nos ha introducido en esta fe. Habla aquél a quien dijo el Señor: «Te entrego las llaves del reino de los cielos» (cf. Jn 16, 19), a quien confió su rebaño después de la Resurrección, diciéndole tres veces: «Apacienta mi rebaño, mis ovejas» (cf. Jn 21, 15-17). Habla también el hombre que cayó, que negó a Jesús y que tuvo la gracia de contemplar la mirada de Jesús, de ser tocado en su corazón y de haber encontrado el perdón y una renovación de su misión”.

Sigue en su explicación el sentido martirial de la vida cristiana, en su “aspecto martiriológico”, como él lo llama, que otra cosa no es sino el supremo testimonio, cada uno según su vocación y misión, hasta dar la vida (la sangre significa, en sentido propio y figurado, la vida, en el sentido bíblico profundo). Para el apóstol Pedro y sus sucesores, el testimonio es dar la vida, en el Primado, “la presidencia del servir” como “Siervos de los siervos de Dios”:

“Por lo tanto, el primado tiene este contenido de la universalidad, pero también un contenido martiriológico (…). Pedro, al venir a Roma, acepta de nuevo esta palabra del Señor: va hacia la Cruz; y nos invita a que también nosotros aceptemos el aspecto martiriológico del cristianismo, que puede tener formas muy distintas (…) Nadie ser cristiano sin seguir al Crucificado, sin aceptar incluso el momento martiriológico”.

Otro significativo y reciente “don”, me parece, que nos ha dejado el Papa Benedicto, podría resumirse en las palabras finales de su discurso del 14 de febrero de 2013 (tres días después del anuncio de su renuncia), durante un encuentro con los párrocos y el clero de Roma. Con estas palabras concluyó una magnífica plática improvisada sobre el Concilio Vaticano II, ese gran acontecimiento del Espíritu, ante los sacerdotes de la Diócesis de Roma, y con ello pienso que nos indicó la fuerza impulsora para este Año de la Fe, y en adelante:

“Me parece que, 50 años después del Concilio, vemos cómo (…) aparece el verdadero Concilio con toda su fuerza espiritual. Y es nuestra misión, precisamente en este Año de la fe, comenzando en este Año de la fe, trabajar para que el verdadero Concilio, con su fuerza del Espíritu Santo, se realice, y sea realmente renovada la Iglesia. Esperamos que el Señor nos ayude”.

Con ello, pareciera el Papa habernos lanzado “mar adentro” a penetrar “verdaderamente”, con verdad, en el Concilio Vaticano II, para que, con la fuerza del Espíritu Santo, sea renovada la Iglesia en la verdad y la caridad.

Lo será en el Corazón de Jesús, con la intercesión de la Virgen María, a quien hoy, en esta iglesia, le rogamos, como sintiéndonos los discípulos a Ella confiados, como ingresando espiritualmente en el Evangelio de Juan, el único que nos ha dejado las palabras de Jesús en el momento en que confió el discípulo a la Virgen Madre (Cf Jn 9, 26-27).

En esta eucaristía, a Jesús Presente, con nuestra oración y unión a Él, el Cristo, Hijo de Dios vivo, confiamos al Papa Benedicto a la protección materna de la Virgen, y también oramos por aquél a quien Jesús nos dará como Sucesor de Pedro.

Esta última intención el mismo Benedicto XVI la auguró en distintas oportunidades en estos días, y lo hizo señaladamente al dar las gracias a los miembros de la Curia tras sus últimos ejercicios espirituales: “El nuevo Papa tenga la gracia de contemplar la mirada de Jesús, de ser tocado en su corazón y de haber encontrado el perdón y una renovación de su misión”.

Nosotros también, renovados en la esperanza, confiamos en el Señor, el cual, a través de la mediación de quienes compete, nos dará el nuevo Papa, tal como la Iglesia, su Cuerpo y su Pueblo, en estos tiempos lo necesita. Si se quiere, desde la confianza en Dios, en su promesa, hoy nos conforta más aún la certeza de saber que él, el próximo Papa, está en el Corazón de Jesús, quien lo prepara para apacentar a los corderos de la Iglesia. La Virgen, ella sí, lo tiene en su corazón, sencillamente porque en su ternura materna, desde el inicio de la vida de Jesús, conservaba “todo” en su corazón (Cf Lc 2,51).

Un último aporte, desde este templo, en la ciudad de Campana junto a los brazos del gran río Paraná, en nuestra diócesis de Zárate-Campana que tiene como catedral a Santa Florentina y como concatedral a la Natividad de Señor. En esta iglesia de Santa Florentina, templo de acotadas dimensiones, con sus formas rectilíneas o triangulares propias de la década de los años sesenta, destaca, bello y austero, un gran mural del renombrado artista Raúl Soldi, con sus característicos “azules”, donde despunta la blancura de una simbólica flor.

En dicho mural el artífice representó bellamente a Santa Florentina, virgen, portando un lirio blanco. Ella fue una piadosa y docta virgen y fundadora del siglo VI, hermana de los obispos San Leandro, San Isidoro de Sevilla y San Fulgencio, los Padres de la Iglesia hispana, tan buenos pastores, doctos, significativos, proactivos, tan unidos en comunión afectiva y efectiva a la cátedra de Pedro, en los difíciles tiempos del arrianismo o semiarrianismo que asolaba por entonces parte no menor de Europa.

Debajo, en el mural, casi como escondido, está escrito bajo el albo lirio o lys que ella porta: “floreces como un lirio”. Muchas veces, en estos siete años de mi servicio aquí, desde que vine desde Mercedes-Luján, he mirado y meditado en la inscripción, y he pensado que para “florecer”, hay que dejarse purificar por Dios. Es un pensamiento mío, pero se lo dejo a ustedes para que hagamos también nosotros una purificación de nuestros corazones. Tomémoslo como una imagen que nos mueva a orar y a confiar, sin reservas.

Así, ofrezcamos también nosotros hoy, desde nuestra humildad, desde nuestro no incidir para nada en los humanos acontecimientos que mueven a este mundo, nuestra oración, que se eleve como el incienso.

En este templo de Santa Florentina, ponemos, impulsados por el Espíritu de Amor y conscientes de la primacía de la Gracia, esta intención. Que reflorezca también la Iglesia con renovada juventud, con renovadas fuerzas, dispuesta al “testimonio” de Cristo. Que, con humildad y fortaleza, florezca el Pastor como un blanco lirio, para alegría y belleza del jardín de Dios, para servir a la Iglesia”.

Gracias, Santo Padre, bueno y fiel. En el Señor confiamos, y en “Nuestra Señora de la Confianza”.

+Oscar Sarlinga

Obispo de Zárate-Campana

Sábado 23 febrero

Mensaje de Cuaresma de Mons. Oscar Sarlinga 2013

"Movidos por el Amor apasionado y gratuito”. «Cuando el Todopoderoso quiere mostrar que una obra viene sólo de su mano, entonces reduce todo a la impotencia, y después, Él obra». (Bossuet)


Queridos hermanos y hermanas, hijos e hijas en Jesús, Buen Pastor:
Nos aproximamos ya al santo tiempo de Cuaresma, que comienza este próximo miércoles de ceniza, en este año de la Fe, 2013. El Santo Padre nos ha hecho reflexionar, con su Mensaje, en que “Creer en la caridad suscita caridad”, pues «Hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en él» (1 Jn 4,16).
Llamada y respuesta. Dispongámonos a mirar, ver, escuchar y responder.
Cuaresma es tiempo privilegiado para “mirar al que hemos traspasado” (Cf. “Mirarán al que traspasaron”, dicho en Jn 19,37).  Es decir, mirar, y ver, a Cristo. Y escucharlo, en y por su Espíritu, es decir, “contemplar su Rostro”; y luego, más que imponer nuestro propio decir y hablar, abrirnos a la escucha de su Palabra, que nos abre a la vez al “amor gratuito y «apasionado» que Dios tiene por nosotros”, como nos lo afirma el Papa Benedicto en su Mensaje de Cuaresma en este 2013.
Y efectivamente, este “apasionamiento” es certísimo, tanto que el amor, el verdadero, es fruto del Espíritu Santo, y que nuestra respuesta a la llamada del Espíritu, más que obligación a causa de“ser comandados”, es “respuesta al don del amor, con el cual Dios viene a nuestro encuentro” (Cf Benedicto XVI, Enc. Deus caritas est, n. 1).
¿Por qué cuesta tanto dar y recibir respuesta?. ¿Podríamos dejar de notar una extendida “desatención”?. Me refiero a una especie de un permanente “seguir el carnaval” (despojado éste de su significación primigenia, como días de particular festividad, que precedían a la penitencia cuaresmal). Estruendos, abundan. A nuestro alrededor (por no hablar de nosotros mismos) muchos miran sin ver, pocos atienden, muchos “oyen”, pocos “escuchan”. Tantísimos, sin embargo, “esperan”, y de esa “espera” nosotros, “los apóstoles”, los evangelizadores (obviamente incluyo al laicado), debiéramos sentirnos “deudores”, tanto así, que toda cómoda o apoltronada instalación o reniegue, en este aspecto, nos debiera preocupar, y mucho. Sería “no querer responder”.
Sacar de los males, bienes.
Cito la frase del Mensaje del Papa, “respuesta al don de amor” muy de corazón, porque sólo esa experiencia de gratuidad, y de Pasión será la que podrá de verdad mover a conversión. Quien vive la gratuidad, se deja moldear “un corazón de carne”. Quien no, tristemente avanzará hacia la petrificación del corazón (“un corazón de piedra”).
Porque es la categoría de “encuentro gratuito, amoroso” con Dios Amor la que tiene el poder de disipar en nosotros esa especie tan particular y densa de oscuridad, esa densa y negra como un bitumen, el cual, ennegreciéndonos, nos “impide” -en el sentido más propio- el ver que no es otro sino el amor misericordioso de Dios el único que «revalida, promueve y extrae el bien de todas las formas de mal existentes en el mundo y en el hombre (...) y que, así, “constituye el contenido fundamental del mensaje mesiánico de Cristo” (Cf. Beato Papa Juan Pablo II, Enc. Dives in misericordia, 6).
Impotencia de nuestras solas fuerzas y Potencia del creer
Por no vivir en plenitud la “gratuidad”, por “desconfiar” (la desconsoladora desconfianza enraizada en el espíritu humano), tantas veces nos sentimos frustrados y casi impotentes, incluso (o en especial) ante nuestro pecado, ante todas las consecuencias de éste (que ni siquiera llegamos a mesurar) o bien ante nuestro endurecimiento, o el de los otros, todo lo cual pareciéramos no poder modificar de ningún modo, o muy poco. Puede dejarnos perplejos la desproporción entre los medios que (con la mejor intención) pudimos haber puesto para que “todo vaya para mejor”, y la realidad que pensamos haber “conseguido”. La actitud que estaríamos llevados a experimentar es la de “abandono” en el sentido abandónico, algo así como el haberse apagado la luz.
¿De dónde surge esa obscuridad?. Esto es así porque en la gravedad del pecado como “voluntaria aversión a Dios” hay siempre, en un sentido u otro, cierto acto de procurar «extinguir el Espíritu» (Cf I Tes. 5, 19), esto es, el procurar extinguir al Compañero inseparable, Dulce Huésped del alma, Consuelo y Dador de bondad, Padre de los Pobres.  Una especie de “apagón”.
Sin embargo, la apertura al Espíritu hace que la luz nunca se apague, porque es divina. Los invito a interpretar algún “signo”, y a estos efectos, les aporto algo que recuerdo haber leído en las obras del Obispo y predicador, Bossuet: «Cuando el Todopoderoso quiere mostrar que una obra viene sólo de su mano, entonces reduce todo a la impotencia, y después, Él obra».
Así, aun esperando contra toda humana esperanza, tengamos siempre divina esperanza, porque son los “esperanzados” y los “esperanzadores” (y en este sentido, los “anawin”, los “Pobres de Yahweh”) los que reciben la divina transformación esperada, de manos del Altísimo.
Muchos signos del Amor están a nuestro alrededor, mucho hemos caminado, en nuestro “itinerario hacia la Pascua”. El desear calibrarlo con la mensura “de este mundo”, de nada nos servirá; apliquemos la mirada con los ojos de la Fe, la “virtud-puerta”, y, para nada menor, sino más bien de modo fundante: “a la luz del contenido de la Fe”, de la Iglesia.
Creamos, todo es posible para el que cree, pues, aunque muchas cosas nos cuesten o duelan, cuando el Señor nos hizo “suyos”, nosotros «hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en él» (1 Jn 4,16). Ahora, “es tiempo de caminar” (como solía aconsejar santa Teresa de Jesús, que de camino sufriente, bastante sabía).
María, Auxilio nuestro
La Virgen Madre, Mujer creyente, Madre de Dios, Madre de la Iglesia, Madre de la Divina Gracia, nos guíe en la Cuaresma, en un itinerario de penitencia purificadora, conversión plenificante (que incluya, real y existencialmente, la solidaridad como dimanación de la caridad, también “hasta que duela”), “per crucem ad Lucem”, por la Cruz, a la Luz.
Con mi afecto y bendición,

+Oscar Sarlinga
Campana, 10 de febrero de 2013 

Inauguración del retablo lateral “del Año de la Fe” en la iglesia concatedral de Belén de Escobar y entronización de la imagen del Apóstol San Pedro

El Obispo Mons. Oscar Sarlinga llamó a a recuperar el sentido del “anuncio natalicio”, en sentido de las nuevas creaturas que somos por la gracia y asimismo “el profetismo de la esperanza”, sin la cual la Iglesia y la sociedad quedarían inermes.

Siguiendo un pedido del Obispo Mons. Oscar Sarlinga, la feligresía de la iglesia concatedral de la Natividad del Señor en Escobar (diócesis de Zárate-Campana) ofrendó un hermoso y artístico retablo (o “altar lateral”), obra de un reconocido artista en madera de cedro, donde el mismo Obispo entronizó el sábado 22 de diciembre la venerable e insigne imagen de San Pedro, del siglo XVIII, la misma que acompañó la eucaristía de apertura diocesana del Año de la Fe, el 12 de octubre en Nuestra Señora del Pilar, ante millares de fieles. Junto a la sagrada imagen fueron puestos en valor unos relicarios que desde muy antiguo estaban destinados a la iglesia de la Natividad, con las reliquias autenticadas del Padre apostólico (y obispo) San Timoteo, y de otros santos. Mons. Oscar Sarlinga procedió a la bendición del nuevo retablo y de la imagen del Apóstol, después del saludo inicial, luego de lo cual se dio la procesión hacia el altar mayor, y siguió con la oración colecta. En la homilía el Obispo hizo referencia a la fe, la fe en el aspecto subjectual de “adhesión de toda la inteligencia y de todo el corazón”, y también en su dimensión de “contenido de la fe que la Iglesia nos propone para creer”, y que hemos de profundizar, principalmente con el Concilio Vaticano II y con el Catecismo de la Iglesia Católica” –dijo-. Refiriéndose al Concilio, dijo que el día de su apertura, el 11 de octubre de 1962 se celebraba la fiesta de María Santísima, Madre de Dios y que por eso el Papa Benedicto XVI, en su convocatoria al Año de la fe, se lo confió a la Virgen, y para ello peregrinó a Loreto, a la Santa Casa, pues la Virgen María brilla siempre como estrella en el camino de la nueva evangelización”. Exhortó también a recuperar el sentido del “anuncio natalicio”, en sentido de las nuevas creaturas que somos por la gracia y de cómo el Señor naciente nos hace “renacer en Él”, y asimismo “el profetismo de la esperanza”, al que ve, dijo Mons. Sarlinga, como un componente revitalizador para la nueva evangelización al que nos llama la Iglesia, y sin el cual, “tanto la misma Iglesia como la sociedad quedarían inermes”. La Santa Misa fue televisada en directo por el Canal Provincial y el Canal de Escobar. La sagrada imagen del Apóstol San Pedro que fue entronizada es una de las pocas del mismo con que cuenta la diócesis, puesto que las hay, a excepción de la de Escobar, expuestas a la pública veneración sólo tres, en la ciudad de Campana, dos de la capilla de San Pedro en el barrio de Villanueva habiendo sido, la ubicada junto al altar, proveniente de la catedral de San Isidro (según documento de donación). La tercera imagen de San Pedro, junto con la de San Pablo, está en la actual parroquia de Nuestra Señora de Luján y de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo, en Campana (luego de haber estado en el Seminario diocesano, cuando funcionó en la ciudad, hasta el año de su cierre, en 2001). Actualmente en el Seminario (en Campana) no hay estatuas sino dos imágenes pictóricas que representan a los Apóstoles. También citó el Obispo algunos aspectos de la homilía del Papa Benedicto XVI para la apertura del Año de la fe en Roma, los cuales pueden encontrarse en:

,http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/homilies/2012/documents/hf_ben-xvi_hom_20121011_anno-fede_sp.html

Y en:

http://www.annusfidei.va/content/novaevangelizatio/es.html

En especial se refirió al parágrafo en el que el Papa Benedicto afirma que el Año que ese día inauguraba “ (…) está vinculado coherentemente con todo el camino de la Iglesia en los últimos 50 años: desde el Concilio, mediante el magisterio del siervo de Dios Pablo VI, que convocó un «Año de la fe» en 1967, hasta el Gran Jubileo del 2000, con el que el beato Juan Pablo II propuso de nuevo a toda la humanidad a Jesucristo como único Salvador, ayer, hoy y siempre. Estos dos Pontífices, Pablo VI y Juan Pablo II, convergieron profunda y plenamente en poner a Cristo como centro del cosmos y de la historia, y en el anhelo apostólico de anunciarlo al mundo. Jesús es el centro de la fe cristiana”. Y asimismo, reafirmó Mons. Sarlinga, aludiendo al Concilio Vaticano II, que el Papa mencionó en dicha homilía que (…) «el supremo interés del Concilio Ecuménico es que el sagrado depósito de la doctrina cristiana sea custodiado y enseñado de forma cada vez más eficaz… La tarea principal de este Concilio no es, por lo tanto, la discusión de este o aquel tema de la doctrina… Para eso no era necesario un Concilio… Es preciso que esta doctrina verdadera e inmutable, que ha de ser fielmente respetada, se profundice y presente según las exigencias de nuestro tiempo» (AAS 54 [1962], 790. 791-792). Así decía el Papa Juan en la inauguración del Concilio”. De la Santa Misa presidida por Mons. Oscar Sarlinga concelebraron los Pbros. Mauricio Aracena, rector, Albino Cabral, cura párroco, Nestor Villa y Carlos Bertone, vicario parroquial. El coro de jóvenes de la parroquia engalanó la celebración, al término de la cual se tuvo un gesto, similar al reciente en la iglesia catedral de Santa Florentina, de la luz de la paz de Belén, de la pastoral scout de la comisión católica de la asociación civil Scouts de Argentina.

Monolito recuerda “el milagro del Luján”, acontecido “en los parajes de Zelaya”

Mons. Oscar Sarlinga concurre a Zelaya, en partido de Pilar, y acompañado del Pbro. Ariel Penin, de Mons. Marcelo Monteagudo y del Pbro. Mauricio Aracena, junto con la feligresía y todas las instituciones representativas del pueblo, inaugura el monolito que recuerda “el milagro del Luján”, acontecido “en los parajes de Zelaya”. El Obispo puso el acento en la veneración de la imagen auténtica de Nuestra Señora de Luján en la Basílica, en la ciudad de Luján, desde donde Ella es “alma del pueblo argentino”, como la llamara el Papa Pío XII.
Esta tradicional iglesia de Zelaya, cuyo diagrama es casi idéntico a la capilla que fuera del capellán P. Montalvo, el primero que tuviera la Virgen de Luján en esos pagos, fue erigida como parroquia por Decreto Diocesano Nº 11/09 de fecha 17 de abril de 2009 por el Señor Obispo de Zárate-Campana, Monseñor Doctor Oscar Domingo Sarlinga, antepone a su anterior título de San José Obrero el de Nuestra Señora de Luján porque en sus límites abarca las tierras que en 1630 eran de Diego Rosendo y Trigueros en cuya estancia en los altos junto a la casa se levantó la primera pequeña capilla posiblemente elevada a curato en 1637 por el entonces Obispo del Río de la Plata D. Cristóbal de Aresti y allí por 40 años la sagrada imagen se quedó al cuidado del negro Manuel que la siguió a Luján y la sirvió hasta su muerte en 1686. Desde hace siglos esa humilde imagen de la Pura y Limpia Concepción es venerada en el Santuario de Luján, alma del pueblo argentino.
Razón y sentido del texto:
Esta tradicional capilla de Zelaya: Se valora el sostenimiento del culto en Zelaya desde hace muchos años que fue erigida como parroquia a partir del 8 de mayo de 2009: Recordatorio de la fecha en que la capilla se erige en parroquia y antepone a su anterior título: el título de Nuestra señora es primero y el anterior cede a él.
porque en sus límites abarca las tierras que en 1630 eran de Diego Rosendo y Trigueros en cuya estancia en los altos junto a la casa se levantó la primera pequeña capilla: la actual parroquia tiene jurisdicción sobre todas las tierras donde pudo quedarse la imagen de Nuestra Señora en estos pagos, afirmándose que la capilla tuvo que construirse en lugar alto junto a la casa (este dato surge del inventario de 1647).
Posiblemente elevada a curato en 1637 por el entonces Obispo del Río de la Plata D. Cristóbal de Aresti: dato histórico de interés. A no embromar, esto era el Obispado del Rio de la Plata y Luján era la primera ciudad que surgía en el camino al Norte.
Allí por 40 años: cuarenta años es un tiempo bíblico que es como decir mucho tiempo, casi todo el tiempo.
La sagrada imagen se quedó al cuidado del negro Manuel que la siguió a Luján y la sirvió hasta su muerte en 1686: el negro Manuel puede ser ejemplo de devoción Mariana y por eso merece ser recordado; también fueron 40 los años que la sirvió, es decir, siempre, su corazón es el lugar del milagro y mueve a que lo imitemos.
Desde hace siglos esa humilde imagen de la Pura y Limpia Concepción es venerada en el Santuario de Luján, alma del pueblo argentino: palabras de monseñor Sarlinga tomadas de su homilía en la Misa cuando se erigió la nueva parroquia. Significan que lo que se venera no es un lugar, sino la humilde imagen de Nuestra Señora y se la venera allí donde lo hace todo el pueblo argentino, en el Santuario de Luján.

Carta pastoral de Adviento de Mons. Oscar Sarlinga

 El encendimiento de la corona del Adviento con luz de paz de Belén

El Adviento constituye una Casa del Pan”, un “Bethlehem”, un Belén esperanzador para nuestras vidas

Queridos hermanos, hermanas, tengan ustedes todos un sereno y feliz comienzo del tiempo de Adviento, “tiempo de María”
 
Puesto que la esperanza da sentido, fortaleza interior (Cf  I Tesalonicenses 3, 12-4, 2) y alegría de verdad a nuestra vida, los invito a “hacer un alto” y considerar el comenzar con ese espíritu este maravilloso “tiempo de María”, tiempo precisamente, de esperanza, también penitencial, en el cual la misma liturgia se adecua, con mayor sobriedad, para favorecer la reflexión, la meditación, el recogimiento, la conversión, transformación, de los corazones, que nos lleven a recibir al Niño naciente. Se ha cumplido la promesa del Señor a Jeremías (Cf Jer 33, 14-16) pues la germinación de justicia y bondad que Él suscitó ya nos ha liberado, y viene. Sí, Él viene con el poder del Amor.
 
Veamos nuestro acontecer diario. Hay muchas fatigas. No pocas veces hay dificultades que llevamos con pesadez, ansiedad, y corremos el riesgo de “perder horizonte”. Incluso puede acosarnos el frenesí. ¿Es digno el vivir de ese modo?. ¿Podríamos trabajar nuestro convencimiento para vivir “de forma distinta”, y si es así, de qué forma?. Pienso que mucho nos reconstituirá por dentro el detenernos un poco, a ver cómo reforzar (o recuperar) la esperanza verdadera, la cual es muy diferente de esa caricatura pseudoesperanzada de la “expectativa anxiógena”, de la fragmentación psicológica e incluso espiritual, a las cuales nos somete el mismo frenético modo de “durar en lucha” más que de “vivir” (de hecho, las ansias en cierto modo son sintomáticas de disturbios, en todos los órdenes de la vida humana). Claro, este cambio no resultará cual simple fruto de nuestro esfuerzo, es la Gracia la que tiene la preminencia, es la Gracia y el Don del Espíritu. Por eso, los invito a tomar muy en serio el querer recibir “la gracia especial” serenadora y sanante, de este tiempo propicio (es decir, de este “kairós”, como nos lo dice la Biblia).
 
Tenemos para lo anterior una poderosísima ayuda. María, la Madre y Señora, nos guía hoy de modo especialmente luminoso. María “la Mujer de la espera”, es, así, la imagen de la Iglesia que a su vez transmite y propaga la belleza del Salvador, y que con este vigor que viene de lo profundo, produce liberación. Hay mucho estruendo en nuestras conciencias, en nuestro psiquismo y en nuestro espíritu. Liberémonos del estruendo, revivamos la belleza de la oración, como lo hemos hecho en el rezo de las vísperas cantadas en la misa en la iglesia catedral, un modo en el que hemos visto con los ojos de la fe cómo el espíritu recibe liberación con la oración sálmica, lo cual decía ya el Padre de la Iglesia San Juan Crisóstomo: “Nada eleva el alma, le da alas, le aleja de la tierra, le libera de los lazos del cuerpo y le invita a meditar, a pensar adecuadamente las cosas de este mundo, como la armonía (…) que expresa la divina melodía con mesura”[1].
 
Detengámonos un poco a considerar… Liberémonos, o, mejor, dejémonos liberar, de las ansiedades que nos acosan. Dios es eterno. Su salvación, realizada en Cristo, “ad-viene”, viene hacia nosotros, en el corazón de los acontecimientos de nuestra historia, para encaminarnos al encuentro de Quien nos amó primero, quien nos da de su Espíritu de consuelo, quien ·”llegó”, “está” y a la vez , en el sentido de la esperanza, “se acerca”, hasta que la historia del mundo llegue a ese fin el cual a la vez iniciará una plenitud, en el eterno presente de Dios, instante del que “no conocemos ni el día ni la hora” (Cf Mt 25, 13). Pidamos el Don del aumento de nuestra fe, en el Año de la Fe.

LLEVAR LA LUZ DE BETHLEHEM.. LA CASA DEL PAN
El Adviento nos potencia y nos previene, y lo hace “afianzándonos”. ¿Qué actitud se requiere de nosotros?. Más que el optimismo naïf, siempre es el realismo de la esperanza, en la fe, el que nos alimenta y consolida. El Adviento nos alimenta, pues desde esa perspectiva constituye como una renovada “Casa del Pan”, una “Bethlehem”, un Belén esperanzador.
 
Adviento nos alimenta y nos previene respecto del optimismo desmesurado como del pesimismo desesperanzado y del nihilismo; pensémoslo, porque no pocas veces nos asaltan tentaciones, de “no querer ver”, lo cual pareciera, al menos en primera instancia, menos problemático para nuestras vidas, pero no es así. En cambio si nos atrevemos, si osamos mirarnos  a nosotros mismos y luego no quedarnos dentro sino salir para abrirnos a la luz de la verdad (lo cual no es tan frecuente, se requiere valor para hacerlo), entonces constataremos cuánta necesidad de sanación, de conversión, hay en nosotros (y en los demás). Osemos también verlo en lo que concierne a nuestra misión en la Iglesia, lejos del optimismo artificial y del pesimismo, como nos lo aconseja este pensamiento: “(…) hay un optimismo fácil y muy artificial, el cual presupone que todo es bueno y que todos nosotros somos buenos. No es ésta la realidad del hombre de hoy. Si fuera así, no tendríamos droga, ni suicidios (…) Cómo sería agradable hablar sólo de cosas buenas y bellas. Mas los hombres vienen a nosotros porque sufren y necesitan una respuesta verdadera a sus pena profundas (…) Necesitamos tener una fuerza nueva, estar convencidos que tenemos en nuestras manos los medios para curar a los hombres, que es nuestro deber entregarles esta palabra de salvación y que ella es verdaderamente muy necesaria para el hombre (…)”[2].
 
En este contexto de “fuerza nueva”, para la figura de la luz, hemos previsto un símbolo coadyuvante con el cual comenzar el Adviento. Hoy hemos un gesto especial en nuestra iglesia catedral de Santa Florentina, un símbolo: “la luz de la paz de Belén” que cada año un niño scout austríaco enciende en la gruta del Nacimiento de Jesús en Belén y la lleva hasta ese país, Austria, desde donde, en una ceremonia que profundiza en el ecumenismo y el diálogo intercultural e interreligioso, se distribuye luego a parroquias, hogares particulares, hospitales, asilos, prisiones...
 
Con esa luz hemos encendido hoy por la tarde el primer cirio, el azul, de la “corona de Adviento” en el presbiterio de la iglesia. ¡Es un gesto que respira amor!. Lo hacemos con agrado, tanto más en presencia de tantos niños que asistieron (scouts y muchos otros) pues el símbolo sirve y vale si lo sabemos apreciar, y sobre todo si queremos realizar “lo que simboliza”. El símbolo tiene “algo” de lo simbolizado; en el gesto de la “luz de la paz de Belén” de Galilea, hay algo del trascendental belleza, definida como quae visa placent[3], hay, diríamos, una simbólica contagiosa chispa del esplendor de la verdad.
 
Pero la Liturgia del Adviento es el “gran símbolo”. Para nosotros, en la plenitud de Cristo, nos hace reflexionar, con una renovada luz, en lo más importante, que es entregarnos a la adoración de Dios. La plenitud la tenemos, sólo debemos dejar entrar en nosotros la Presencia real, vivir de la Presencia eucarística, dejar entrar en nuestros corazones la relación intrínseca, amorosa, entre la eucaristía y la adoración[4].
 
Pastores y fieles nos comprometemos en este nuevo Adviento a llevar luz, pues esparcir obscuridad es lisa y llanamente una emanación del pecado. En especial a los consagrados, les recuerdo, me lo recuerdo a mi mismo, comprometámonos más, con mayor fervor, ése que caracteriza a la “nueva evangelización” a ser “luz y sal”, como nos lo pidió Cristo Señor, Hijo de Dios vivo, el cual vino para salvar a su pueblo de sus pecados (Cf. Mt 1,21) y para santificar a todos los hombres.
 
Sintámonos deudores para con una misión recibida pues como Él ha sido enviado por el Padre, así envió a sus apóstoles (Cf. Jn 20,21), a los que santificó, dándoles el Espíritu Santo, a fin de que, a su vez, glorificasen al Padre en la tierra y salvaran a los hombres, «por medio de la edificación de su cuerpo» (Ef 4,12), que es la Iglesia.
 
Entonces el obispo también desea decirles esto: que hoy quiere expresar ante ustedes su necesidad de conversión y renovada misión como profeta y servidor, porque los obispos, puestos por el Espíritu Santo, suceden a los apóstoles como pastores de almas, y junto al Sumo Pontífice y bajo su autoridad tienen la misión de perpetuar la obra de Cristo, Pastor Eterno, y es por eso que son auténticos maestros de la fe, pontífices y pastores[5]. Convencido de este servicio al que el Señor nos llama y al cual le hemos entregado la vida, les digo que hoy, aquí, el símbolo de la luz nos recuerda que esta iglesia catedral es también Casa del Pan para la diócesis, la Iglesia misma es Casa del Pan, Bethlehem, para la humanidad, para llevar en la misión, la Luz de Cristo.
 
EL FIN DE “UN MUNDO” SIGNADO POR EL EGOÍSMO
En la Palabra de este primer Domingo de Adviento hubo referencia a “un fin”. ¿Hemos escuchado con atención el Evangelio?. La liturgia inicia hoy la celebración del primer domingo de Adviento, con un trozo del Evangelio de Lucas (Lc 21, 25-28. 34-36). “Llegarán los días…” nos dijo el Señor, invitándonos a estar despiertos, prevenidos, invitándonos a la vigilancia; más que sucumbir al miedo, a vigilar, velar.
“Todo se pasa, Dios no se muda” nos enseñó en poesía Santa Teresa de Jesús. Este mundo pasa, todos nuestros acontecimientos, tan significativos, de tanto peso y espesor que son, o que simbolizan o significan para nosotros, también pasan, por no decir cuán presto, si nos fijamos bien, pasamos nosotros por este mundo. Tempus fugit, huye velozmente, y qué pena da el ver que no poca gente (¿algunos consagrados pueden estar afectados también por ello?) parece “transcurrir” su tiempo “como si Dios no existiera” o bien como si “nuestro tiempo” fuera “un vacío a llenar con nuestro propio “relleno”.
 
Pero vacío, en sí, no hay. Con divina sabiduría, el Evangelio nos invita a vivir con plenitud, el cristianismo es plenitud. Y si en realidad hemos escuchado (shemá) el Evangelio de hoy, descubrimos que Jesús anuncia para un “cuando” que sólo el Dios Altísimo conoce, la inminencia de su retorno como “en gloria presencial” (Kebod, Shekihah, ambas juntas), y esto con un previo proceso, el de nuestra historia, la historia del mundo, es decir, un iter… que se desarrolla en el tiempo, hasta que su Aparecimiento sea anunciado “a la voz del Arcángel y al son de la trompeta de Dios” (Cf 1 Tes 4, 16).
 
¿Y mientras tanto –podemos preguntarnos- cómo obrar?. Orar y vivir, trabajar y amar. El pasaje evangélico de este primer Domingo del Adviento se despliega a la manera de un “díptico”, presentando, por un lado, una especie de “de-creación” cósmica, y una “re-construcción” sobrenatural, con “la Venida”. Mientras tanto, y sabiendo que, en cierto sentido y en cierta medida, algo de cada uno de los postigos de ese “díptico” a venir, ya los vivimos día a día, crezcamos en la fe, no nos dejemos ganar por el miedo o la desesperanza, y sepamos que lo único que puede destruirnos es el pecado como alejamiento de Dios y de su Amor, como “frustración” en lo particular de nuestras vidas, del proyecto de la divina Sapiencia.
En síntesis, podrían incluso caer a plomo los astros que Dios mismo colocó en el firmamento, podrán desencadenarse los elementos en la tierra (todo eso, si Él lo quiere o permite, será para un mayor bien, en su “Proyecto”).
 
Pero, como tal, es el pecado en tanto negación, aversión, rechazo al Amor divino y sus consecuencias, lo único que atrae des-construcción, lo que provoca la muerte del alma. Aunque se cayera el mundo material, aun así, en su caída, ésta, por vertiginosa y potente que fuere, nunca podría destruir nuestra unión con Cristo, si confiamos de verdad en Él. Dios es fiel, admiremos su “fidelidad” (el bíblico emét), ni un cabello de nuestra cabeza cae sin su permiso.   
 
Creo que uno de los sentidos convergentes que podemos dar al pasaje evangélico –también aunque no sólo- es que en cada Adviento “muere” y “termina”, “cae” un mundo signado por el egoísmo, y el odio, y renace, por la fidelidad de Dios, la reconciliación. Un día terminará el mundo y vendrá el Justo Juez. En este tiempo, mientras tanto, la Iglesia, dentro de los particulares espacios para la belleza que nos proporciona, nos da en el Adviento la armonía en la justa proporción, para poder admirar la Liturgia y no caer en el puro activismo; así como tampoco en la pereza y las omisiones, tan letales.
 
La Iglesia, diría, nos presenta en el Adviento a considerar “la actitud del que admira”, como decía ese muy buen teólogo y gran persona que fue el (difunto) Padre Servais Pinckaers: “La admiración constituye a nuestro parecer la fuente más profunda de la energía y de la calidad (…); ningún imperativo se la puede igualar (…) Dime lo que admiras y te diré quién eres”[6]. En este aspecto, la fe implica también admiración, en la medida en que ésta “nos abre” más y más, con humildad, a la luz de Dios.
 
Contemplativos para la acción (como decía el Cardenal Eduardo Pironio), pienso que así hemos de ser. Por eso, la actitud admirativa acerca de las obras de Dios, proyecta “un rayo de luz”, como ese rayo al que se refiere el Papa Benedicto XVI en Porta Fidei, aludiendo a la carta de Pedro: “Las palabras del apóstol Pedro proyectan un último rayo de luz sobre la fe: «Por ello os alegráis, aunque ahora sea preciso padecer un poco en pruebas diversas; así la autenticidad de vuestra fe, más preciosa que el oro, que, aunque es perecedero, se aquilata a fuego, merecerá premio, gloria y honor en la revelación de Jesucristo (…) alcanzando así la meta de vuestra fe; la salvación de vuestras almas» (1 P 1, 6-9)”[7].

JESÚS, EL ALFA Y OMEGA, VIENE
La otra cara del díptico, como hemos dado en llamarlo, del Evangelio de hoy, nos habla de la venida del Hijo del hombre: “sobre una nube, lleno de poder y de gloria”. Lo creemos, lo esperamos. Mientras tanto, ciertos de la Resurrección gloriosa, nuestra conversión consistirá en “abrirnos de corazón” al proyecto de Cristo, el proyecto de un mundo nuevo y de la nueva creación; abrirnos, en última instancia, y permítanme que lo repita, pues ya lo he dicho, “a la adoración”, que nos abre a horizontes infinitos…. A decir verdad, podríamos considerar que si testimoniáramos más y con mayor realidad irradiante esto dicho, con seguridad no habría en el mundo que nos rodea tanto vacío existencial.
 
La entera Liturgia nos lleva a amar y adorar, a dignificarnos y a dignificar, tal como en una oportunidad lo dijera el Papa Pablo VI: “De nada serviría la reforma litúrgica si no aumentaran en la Iglesia los verdaderos adoradores del Padre en espíritu y verdad, conscientes de su dignidad de miembros del Cristo, que está presente de modo eminente en la comunidad del culto y ofrece con nosotros su sacrificio a Dios”[8].
Por cierto, dicho último pero no menos importante, la Liturgia nos lleva a la vida, a realizar en la vida la caridad de Cristo, que nos apremia, la caridad interpersonal, social, al amor hasta que duela, hasta dar la vida, como en una “teodramática” a la manera de Von Balthasar, con ese teo-dramatismo del Sí, del “Amén”.  
 
Será entonces la ocasión de contemplar este misterio, en este Adviento, con la viva admiración como a una viviente obra de arte, la cual, precisamente por serlo, como decía M. D. Philippe, nos “lleva al misterio del cuerpo glorioso de Cristo”[9].
 
Dios es fiel, su fidelidad es grande, tengamos confianza en el Señor, por difíciles que sean las circunstancias que nos toca vivir (y lo son). Obremos en consecuencia, en las circunstancias concretas de nuestra vida, con la Cruz Pascual que el Señor nos dé, sea como fuere el devenir de la figura de este mundo, orando y trabajando por la realización, muy noble, leal, realística y esperanzada, de la “luz de la paz de Bethlehem” porque, al final, en última instancia, nos sucediera lo que nos sucediera: ¿quién podrá separarnos de Dios?.
Estamos unidos al Señor, el Principio y el Fin; el que es, y que era, y que viene, el Todopoderoso. Él nos ha salvado; Él viene. Nada puede separarnos de su Amor. Con la ayuda materna de la Virgen Madre de la Iglesia, a quien le imploramos protección, guía, que nos tenga de su mano amorosa, a nosotros, nuestras familias, nuestras comunidades.


+Oscar Sarlinga

Sábado 1ro de diciembre de 2012, víspera del I Domingo de Adviento


[1] SAN JUAN CRISÓSTOMO, Expositio in psalmum 41, 1: PG 55, 156.
[2] J. RATZINGER- Davanti al protagonista. Alle radici della liturgia. Cantagalli. Sena 2009, pp. 59. 60. 61.
[3] SANTO TOMÁS DE AQUINO, Summa theologiae, I, 5, 4 ad 1m.
[4] Cf. BENEDICTO XVI, Adhortatio apostolica Sacramentum caritatis (22-II-2007), n. 66: AAS 99 (2007) 155-156.
[5] Cf. CONC. VAT. II, Cost. dogm. sobre la Iglesia Lumen Gentium, cap. III, nn. 21, 24, 25: AAS 57 (1965), pp. 24-25.29-31 [pag. 163ss, 173ss].
[6] SERVAIS Th. PINCKAERS, À l´école de l´admiration. Saint Paul. Versalles 2001, p. 5.
[7] BENEDICTO XVI, Carta Apostólica en forma motu proprio PORTA FIDEI con la que se convoca al Año de la Fe, dado en Roma, junto a San Pedro, el 11 de octubre del año 2011, n. 25.
[8] PABLO VI, Discurso al Colegio Cardenalicio, 22-VI-1973: AAS 65 (1973) 382.
[9] M.-D. PHILIPPE, Philosophie de l´art. Ed. Universitaires. París 1994, p. 51.


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